miércoles, 4 de febrero de 2015

IZQUIERDAS, DERECHAS Y TODO LO DEMÁS



A Podemos le ocurre lo mejor que le puede pasar a alguien en política: ha conseguido dos grandes unanimidades a la vez.

Por un lado una notable unanimidad social que tanto en ellos como en Ciutadans ve la posibilidad de acabar con la política mastodóntica de los viejos partidos gracias además a su dura denuncia de la corrupción y la impunidad con la que durante tantos años se han movido con absoluto cinismo los grandes partidos de la Transición.

Por otro lado una notable unanimidad en los furibundos ataques que desde partidos y medios de prensa se les lanza como si les dispararan con baterías de artillería y misiles.

Es casi unánime la opinión ciudadana de que los viejos políticos de los viejos partidos son aparatos de corrupción que desprecian a la ciudadanía, como lo es la opinión de todos estos viejos políticos y sus medios de comunicación de que Podemos es el conjunto universal de todos los males sin mezcla de bien alguno.

¿Pero en realidad de qué es de lo que se discute entre estos partidos y medios y Podemos?

En primer lugar se discute acerca de dónde está el poder real, efectivo. Podemos dice públicamente lo que ninguno de los viejos partidos puede: que estos son muñecos de guiñol en manos de poderes reales llamados banca, fondos, petroleras, telefónicas, eléctricas, promotoras, farmacéuticas, y unas pocas grandes fortunas personales. Esto sin duda pone nerviosos a más de uno, tanto de los partidos viejos como de esos poderes fácticos.

En segundo lugar se discute acerca de Europa, si los gobiernos han de defender y de hecho defienden a la Europa de los banqueros o a la Europa de los ciudadanos. Podemos pide el voto -como en Grecia- para ir a Bruselas, Frankfurt o Nueva York, con un sólido mandato ciudadano que –nuevamente como en Grecia- se siente enfrente de esos poderes escasamente democráticos y exija que las decisiones que afectan a los ciudadanos europeos se tomen por los ciudadanos europeos y no por sus órganos coercitivos no electos, llámense Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional o Comisión Europea. Esto tampoco tranquiliza demasiado a quienes sienten tambalearse sus cómodas poltronas al haber limitado en todo momento su acción política a obedecer a gestores tan escasamente democráticos y excusarse en que no se puede hacer otra cosa.

En tercer lugar se discute todo eso del déficit y la deuda. Claro que los bancos y fondos de inversión afirman con rotundidad que si hay déficit y la deuda externa es muy alta no piensan dejar ni un céntimo más al deudor que no sabe administrarse. Y que sólo se presta dinero si se mantiene el déficit muy, muy, muy bajo y el pago de la deuda ofrece garantía de solvencia. ¿Y de donde vienen esas garantías? Pues sencillamente de nuevos créditos cada vez más costosos para simplemente pagar las deudas vencidas. Eso se llama una economía de idiotas, o de banqueros si se prefiere, pero los gestores no son los bancos, son los gobiernos idiotas.

La propuesta alternativa es sencilla y pone los pelos de punta a los bancos y fondos: la deuda es impagable y la economía requiere producción y modernización, no simplemente finanzas especulativas, y desde luego, ni recortes, ni sueldos de miseria, ni trabajos precarios, ni un paro endémico descomunal. La actual deuda debe renovarse profundamente y transformarse en algo que pague pero no descapitalice al deudor. Esto es deuda que liquide intereses pero aparque los principales y los deje en simples anotaciones contables in aeternum, y requiere un acuerdo global entre Estados acreedores y deudores para anular y compensar deudas a largo en bloque en todo el mundo. O sea, el final del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y los acuerdos de Bretton Woods. Algo sólo posible a medio plazo, pero para lo que ya están diseñando todos los poderes reales la estrategia. O alguien se cree que los poderes financieros reales son tan estúpidos que no están trabajando sobre estas perspectivas incluso a corto.

En cuarto lugar se discute, a consecuencia de lo expuesto, si la forma de resolver la situación de crisis al nivel de cada Estado se hace por métodos especulativos o productivos. No sabemos si estamos gobernados por estúpidos, por malvados o por ambas cosas a la vez, pero ciertamente la fórmula ideada por tales gobernantes es a la vez estúpida y malvada. Consiste en liquidar el medio nivel industrial y tecnológico alcanzado antes de la crisis y la muy mediana universidad pero interesante investigación científica y tecnológica, y establecer como dogma que la economía buena per se es la del ladrillo y la especulación financiera. O sea, exactamente volver a los inventos de banqueros, especuladores y los luminosos equipos de Aznar y Zapatero. Claro que saben que eso engorda a los bancos y a cuatro desaprensivos y hunde en la miseria a la ciudadanía, pero ellos son la simple voz de su amo y no deben vacilar si no quieren verse despedidos precisamente ellos. Sus amos no discuten demasiado con sus criados, sólo estarían dispuestos a discutir con sus deudores y eso en ciertas condiciones de presión popular.

La propuesta de crear una economía basada en la tecnología, la investigación, la producción de bienes de equipo innovadores y las redes comerciales de gran categoría internacional y de poca competividad con las de países de mano de obra mucho más barata pero menos experimentada y menos abierta al comercio, es difícil y lenta, ciertamente no resolverá el problema del paro estructural, porque cada vez la tecnología exige menos mano de obra no especializada, y para colmo es una alternativa muy cara, pero es la única salida real para los países occidentales, países que sólo deberían aprender a no gastar más de lo necesario y a que sus ciudadanos fueran mucho, pero mucho, mas prudentes en la destrucción de bienes, el reciclaje, la reparación y las reformas. No se puede tirar nada útil a la basura, y esa es la gran lección que Occidente tiene que aprender del llamado tercer mundo, y hacerlo ciudadano a ciudadano, y esa es entonces la gran responsabilidad de los buenos gobiernos, si es que algún día llega a haberlos.

En cuarto lugar hay que aprender de nuestros abuelos de la Francia de 1789. Revolución o reparto. Cada ciudadano, como decía Rousseau, su pequeña hacienda, su terrenito, su casa, sus animales, o la revolución. Y todos sabemos que al final tuvo que ser Revolución. Los ricos eran demasiado idiotas y por no perder algo perdieron mucho más. Piénsenlo ahora los grandes estrategas de la economía, si es que aún se acuerdan de lo que significaba el verbo pensar, que lo dudamos.

Así que la destrucción del prudente nivel de vida de milones de trabajadores, pero también de grandes sectores de profesionales independientes, pequeños empresarios, agricultores, funcionarios, comerciantes y pensionistas, para que bancos y fondos especulativos jueguen cada día a la ruleta rusa en nuestras cabezas, que no en las suyas, no ha sido una gran idea de futuro. Enormes sectores sociales de prudente y hasta alto nivel de vida se han visto abocados a la ruina, al paro, a la miseria gracias a esas políticas dictadas por el único ministro que no nombró el simple de Rajoy, sino la gran banca internacional directamente y que es el encargado de dar instrucciones al simple y a su cohorte de inútiles y gaznápiros con la que el simple se rodea cada viernes. En la pendiente hay todavía cientos de miles de ciudadanos que saben que con estos gobiernos su suerte está dictada y que les queda poco tiempo.

Esas políticas que impidan seguir en semejante caída libre y en la destrucción del verdadero tejido económico productivo sólo las propone Podemos ¿Alguien se extraña de que tanta gente les siga y de que muchísima de esa gente no sea precisamente militante de la Cuarta Internacional o de la CNT, sino incluso antiguos votantes del PP o del PSOE? ¿Proponer estas líneas de trabajo es de izquierdas? Claro que es de izquierdas, de esa tradicional izquierda socialdemócrata que antaño defendieron en nuestro país, Besteiro, Prieto, Largo, o De los Ríos, diciendo claramente o esto o revolución. De esa izquierda socialdemócrata que el PSOE y sus jefes, y en primer lugar González, decidieron tirar a la basura porque no era suficientemente moderna. Y naturalmente que la inmensa mayoría prefiere esas reformas profundas y esas políticas económicas de bienestar y estabilidad, aunque cuesten enormes esfuerzos ciudadanos, a la violenta revolución. Pero sabiendo que o una cosa o la otra, aunque ahora parezca lejana esa segunda posibilidad. ¿O no tan lejana para muchos? Nuestra obligación es contribuir a tensar la cuerda, procurando que no se rompa, pero arriesgando a que eso ocurra, peor no vamos a estar si al fin se rompe y entonces sabemos cambiar las cosas profundamente. Mejor en paz que en guerra, pero eso por desgracia no depende de nosotros sino de ellos.

martes, 13 de enero de 2015

LA QUITA DE LA DEUDA



Docenas de artículos analizan las consecuencias del posible triunfo de Siriza en las próximas elecciones griegas. Raramente se plantean la parte social de esa alternativa, la calle, el desvío de votos al emergente partido fascista, la corrupción generalizada que abarca a los dos grandes partidos tradicionales, etc.
Toda la discusión parece centrarse en la deuda a pagar por el Estado y las presiones de la banca internacional, europea y especialmente alemana sobre estos pagos.
Tanto cuando Siriza en Grecia, como Podemos en España, afirman que el problema a resolver es la imposibilidad material de pagar la deuda, toda la derecha, la derechota y los banqueros y representantes de la gran patronal, saltan como fieras afirmando que si se dejara de pagar la deuda el país se hundiría en cosa de horas. 
Vayamos por partes, que dirían un cirujano o Jack el Destripador.
En el caso de España la deuda total del Estado, la banca, las empresas y las familias es del orden de 4,4 billones de euros. Esto quiere decir que siendo el PIB español de alrededor de 1 billón de euros, si la totalidad del país estuviera produciendo lo mismo que ahora pero sin consumir absolutamente nada, la deuda quedaría pagada en cuatro años y tres meses.
Como salta a la vista la imposibilidad de tirarnos cuatro años largos sin comer, encender la luz o comprar al menos unas pobres alpargatas, está claro que la deuda habría de pagarse en otro plazo, y mientras ir pagando principal e intereses según vaya venciendo cada crédito.
Como lo que hay que pagar sólo en intereses, cada año es superior a los ingresos previsibles según opina el chusco ministro de hacienda que tenemos, aproximadamente este año 2015 unos treinta y cinco mil millones de pagos, unos treinta mil millones de ingresos, quedará claro que o no se paga parte de la deuda o se piden nuevos préstamos internacionales para hacerle frente.
En total hay que pagar una deuda en el 2015 unos 240.000 millones de euros en deuda soberana, y el gobierno ha comprendido que para pagarlos lo mejor es pedir prestado a bancos y fondos  de inversión, ¿Adivinan qué cantidad? Pues efectivamente 240.000 millones de euros. Luego, nos explican que esos nuevos créditos que se piden son para pagar a los funcionarios, a las nuevas inversiones productivas, a la sanidad y a la educación, pero es muy curioso que la cantidad que se va a pedir es casi igual a la que se va a pagar a los propios prestamistas internacionales. Se deduce que han pensado una solución fácil, pidamos el dinero necesario para pagar los vencimientos y reservemos todos los ingresos para los gastos corrientes del Estado, las empresas, etc.
El único problema es que todo el mundo sabe que pedir prestado para pagar créditos vencidos es la más absoluta de las soluciones ruinosas.
Y algo más, si se piden los fondos precisos para pagar la deuda, sabemos que, desde hace años, al final de año no se pueden pagar con los ingresos previsibles la totalidad de los pagos del gasto corriente y la inversión imprescindible. Eso se llama déficit, y está en cantidades bastante altas, actualmente en unos cuarenta mil millones de euros, y los bancos y fondos de inversión a los que se debe dinero dicen que no se fían de un país que no puede pagar de forma indefinida sus gastos corrientes e impulsar un mínimo crecimiento porque de esta forma cada vez se deberá más y se ingresará menos, y será más incobrable la deuda. Luego, sólo aceptarían renovar créditos que van venciendo o dar créditos nuevos a intereses cada vez más elevados, con lo que si bien saben que nunca cobrarán las deudas pendientes cada vez más crecientes, al menos cobran elevados intereses y a su vez venden los bonos correspondientes a las deudas a otros fondos de inversión a precios más bajos.
Eso es exactamente lo que se hace con los bonos de deuda española desde hace años en el mercado internacional.
Queda además el problema de averiguar quienes son nuestros acreedores: Los del Estado son en primer lugar la propia banca española, la banca internacional y para el famoso rescate de los bancos de hace unos años, el Banco Central Europeo y el Banco Mundial, a través del Fondo Monetario Internacional. Pero lo peor no es eso, sino que una buena parte de esa deuda se la ha encajado a espaldas de la ciudadanía nada menos que al fondo español de reserva de las pensiones, cuyo casi 90 % está prestado al Estado a cambio de bonos de deuda.  
Y ¿qué hacen los acreedores bancarios con esos bonos de deuda? Pues simplemente los revenden mezclados en extraños paquetes con otras deudas soberanas, créditos inmobiliarios, deuda de otros bancos y papelería diversa que en buen coctel explosivo lo ofrecen a otros inversores internacionales a precios bajos, que a su vez hacen exactamente lo mismo una vez disuelto el paquete envenenado y reagrupados los diferentes bonos en nuevos paquetes irreconocibles.
Querido lector, su estupor, si no lo sabía, es tan grande que no acepta creérselo. Está Vd. equivocado. Es exactamente así, y en esa ruleta rusa mundial ni siquiera los fondos saben exactamente qué compran y venden, sino las probabilidades de obtener en cada operación beneficios de al menos un 1%. Si, un uno por ciento, que en las cantidades de las que hablamos representa generalmente millones de euros o dólares.
Esa es, por cierto, la razón de la propuesta de la tasa Tobin, ya que si se tasaran las operaciones especulativas internacionales con simplemente un 1% resultaría que la mayoría ya no serían suficientemente rentables y se forzaría a los mercados financieros internacionales a dejar de hacerlas, tendiendo a estabilizar así el mercado de capitales mundial.
Esto se llama en realidad la burbuja financiera, que lleva unos pocos años siendo llevada a límites insostenibles y está cercana ya a estallar, no porque falte dinero (billetes de banco que sigue fabricando sin límite la Reserva Federal Americana y que pronto veremos imprimir al Banco Central Europeo) para seguir hinchándola indefinidamente, sino porque cualquier cambio financiero de importancia externo a esta burbuja la puede hacer estallar. Por ejemplo la quiebra de la Federación Rusa, o la de ciertas empresas, fondos y bancos ligados al petróleo, que son cosas que están en peligro real de ocurrir ahora mismo.
Pero dejando hoy al margen estos dos temas, y volviendo a la deuda griega o española, diremos que efectivamente es impagable según simplemente las cifras reales de nuestras dos economías y finanzas. Pero advirtamos que tampoco se podrá pagar nunca la deuda francesa, italiana, alemana, británica, japonesa o sobre todo norteamericana.
Quedan por discutir los aspectos prácticos, a saber: si es inevitable una quita, que parte es renegociable en intereses y plazos, y cómo reabsorberla sin pérdidas notables.
La quita es inevitable, simplemente porque no existe dinero en el Estado para pagarla ni siquiera en cientos de años y se retroalimenta cada año más todavía. Y quede claro que las deudas de un Estado como el español son demasiado grandes como para que los grandes capitales y las grandes capitales del mundo le asfixien hasta la quiebra. Ni siquiera a la más pequeña Grecia. Y de todas maneras ya se ha hecho en España una enorme quita, pero a costa de la ciudadanía. Se pidieron miles de millones a la Troika para evitar, prestándoselo, a los bancos y cajas en quiebra, se les prestó a esas cajas y bancos y se dijo que cuando se hubieran recuperado los devolverían. Y ahora ya se explicita que los bancos rescatados no van a devolverlo porque no lo tienen y que se les condona sin mas ya que ese dinero lo pone el Estado, o sea los ciudadanos. ¿Es eso una quita de cientos de miles de millones? Lo es, e igual se estructurará el medio para disimular una gigantesca quita de la deuda española. Al tiempo, que ya no será mucho.
Y las deudas contraídas con esos bancos españoles se ha resuelto puramente por ese sistema ya que si estos no pueden pagar a su vez a sus deudores, se les ha rescatado, y al final la fórmula es simplemente nacionalizándolos a precio real de activo menos pasivo. Ciertamente no conviene a ningún país dejar caer su banca en quiebras multimillonarias, pero no tiene sentido prestarles un dinero para evitar su quiebra sabiendo que nunca podrán devolverlo y al cabo de los años reconocer que no los pueden devolver y venderlos al saldo como se ha hecho ya en España, por un simbólico euro. Insistimos, una descomunal quita.
La reabsorción de la deuda que circula por bancos y fondos de todo el mundo no es demasiado discutible porque los bonos de la deuda pública española o griega están circulando en los mercados internacionales a precios de saldo. Hay que localizar a los propietarios de parte de esos bonos y recomparárselos a su precio de mercado que es lo mismo que decirle a los acreedores que al nominal no se puede ya recomprar. Eso es una quita real que desde luego la inmensa mayoría de los poseedores secundarios de estos bonos están perfectamente dispuestos a aceptar siempre que obtengan algún beneficio por pequeño que este sea.
Claro que a los grandes bancos alemanes, franceses y españoles que son primeros compradores de esas deudas, y sobre todo al Banco Central Europeo y al FMI, esa propuesta no le va a gustar ni un pelo ya que eso tiraría los precios internacionales de la deuda española y ellos tienen aún excesiva, varios miles de millones entre Grecia y España.
Desde luego que otra parte es perfectamente renegociable, que es de hecho lo que estamos haciendo desde hace años, al refinanciarla con nuevos créditos. El asunto es sustituir esa continua petición exterior de créditos para pagar deudas vencidas por un acuerdo general con suficientes garantías a largo plazo. Y esto incluiría incluso con algunos acreedores el sustituir la deuda a los plazos en que se hubiera vendido por la llamada deuda perpetua que no devuelve nunca el capital pero paga intereses bastante bajos indefinidamente. No es nada novedoso, lo ha hecho todo el mundo el siglo XIX y el XX y el único riesgo del tenedor de la deuda es que el Estado acabe quebrando por causas incontrolables, como las guerras o las catástrofes naturales. Es uno de los caminos aceptables para renegociar deudas excesivamente importantes.
Claro que esto no se puede llevar a cabo tan fácilmente porque reestructurar así las deudas de un país zona euro requiere un acuerdo general que desde luego la gran banca no va a facilitar. El problema es que es esto o nada. Y alguien tiene que llevar a Bruselas, Frankfurt, Nueva York y Londres la primera proposición, luego ya irán entrando otros países poco a poco. Será difícil y duro pero inevitable, y esto requiere un poder del Estado muy sólido y un fuerte convencimiento ciudadano y político. Y eso está por ver en todos los casos.