martes, 24 de mayo de 2016

Cifras, fútbol, banderas y mucho plasma



 Podría parecer que el escándalo de las esteladas en un partido de fútbol lo ha montado el gobierno en funciones para comenzar la campaña electoral con una buena campanada. Seguramente es cierto, pero no del todo. Lo que realmente importaba al gobierno del desastre era desviar la polémica creada por la gravísima situación económica y conseguir que frente a un tema tan arduo como el de las cifras contables entretener a los medios y la población dando carnaza sobre cosas ultrasimplistras como un  conflicto artificial de banderas nacionalistas.
La situación es tan grave que cualquier cosa les resulta imprescindible para evitar que se hable con claridad de economía. Superado el 100 % de deuda pública sobre el PIB, y con un déficit del 5% no hay salida dentro de los parámetros actuales de Bruselas, el FMI y Frankfurt. Literalmente no hay salida.
A groso modo quieren decir estas cifras que el Estado debe más en cada momento de lo que produce cada año a partir de ese momento, y como lo que debe dentro del ejercicio actual equivale a casi un tercio del total del presupuesto del Estado, y que como es imprescindible pagar al menos los gastos generales y este año se ha llegado a fin de ejercicio dejando a deber para el siguiente un 5% de todos los pagos pendientes, y considerando además que según la reforma del 135 de la Constitución es prioritario el pago de los vencimientos de la deuda antes que cualquier otro pago, simplemente no es posible cumplir ni con todos los pagos de la deuda, ni con los pagos corrientes, ni acabar el año sin deber dinero extra más allá del presupuestado para pagos dentro del año. Así de sencillo.
Claro que cada vez que llegan vencimientos de la deuda en vez de pagarse con lo producido se ha de recurrir a pedir más dinero prestado a los mismos prestamistas, lo que encarece continuamente los intereses y cómo no hay con qué pagar, los acreedores pueden dedicarse con toda tranquilidad a retorcernos el pescuezo cada vez más.
El límite es ese cien por ciento de deuda pública. A partir de ahí simplemente no hay forma de pagar más que o produciendo mucho más o debiendo mucho menos. Lo segundo ya es tarde para poder negociar nada y no es aceptado por nuestros buenos amigos de Bruselas y el FMI, lo primero es imposible con la política a cortísimo plazo que ha resultado única política económica que se les ha ocurrido hasta la fecha a nuestros variados gobernantes. Habría una posibilidad extrema: recaudar más, pero es obvio que sólo se podría cobrándoselo a los poderosos, no a los trabajadores ni a los pequeños y microempresarios, y eso simplemente no se plantea. A la larga hay aún otra alternativa, pero a veinte años vista, no para resolver estas urgencias y que con urgencias no es posible implementar: cambiar de sistema productivo, ir a nuevos sectores de alta productividad, innovadores, apoyar la enseñanza, la alta tecnología y la investigación al máximo, reducir la edad de jubilación, la semana laboral, cobrar menos pero repartir el trabajo, apoyarse en legislación fiscal rigurosa, reformar las leyes para perseguir al defraudador y al especulador más que al robagallinas, cambiar deuda actual por deuda perpetua, y ese largo etcétera que los poderes fácticos interiores y exteriores no están dispuestos a permitir sin que se paguen primero las deudas, que evidentemente no se pueden pagar en la situación actual, y cada año menos. Por eso decimos que no hay salida.
Y el déficit del 5% representa que en vez de que cada año se pueda reducir este déficit aún exprimiendo a los servicios sociales hasta el extremo, cada año se mantenga o incremente. De hecho se ha incrementado por causa de los costes del rescate bancario  aunque nominalmente parezca reducirse por los drásticos recortes, y sólo se disimulan las cifras reales por curiosos trucos de prestidigitación llamados ingeniería financiera pactada con Bruselas. Se excluyen ciertas partidas que no se contabilizan simplemente porque así se decide entre las partes, a sabiendas de que si se incluyeran como correspondería en una contabilidad real y honrada se tendría que declarar la quiebra.
Además hay que tener en cuenta que el PIB se calcula desde hace unos pocos años incluyendo dos partidas arbitrarias de dudosa productividad: la prostitución y el tráfico de drogas. Fue una resolución in extremis del anterior gobierno que contó con el visto bueno de todo el mundo y el consabido silencio de los corderos. Una hipocresía para dar un cierto balón de oxígeno a unas cuentas ya a la deriva entonces.
¿Qué nuevo parche buscará el nuevo gobierno a pactar disimuladamente con Bruselas? Sean los que sean, los tiempos se acortan cada vez más deprisa y, como bajo un efecto Dopler, el chirrido se convertirá de pronto en un aullido de máxima frecuencia, insoportable, desastroso. En ese momento sólo cabe un gobierno autoritario, una quiebra que arrastraría a toda Europa, o una situación civil insoportable. Es cosa de poco tiempo, dos o tres años, pero lo que ahora sabemos y el gobierno pretende ocultar es que a partir de ahora ya no hay marcha atrás. Por eso hacen falta guerras de banderas, más fútbol, y toneladas de plasma para evitar verse cara a cara con los ciudadanos, con la dura e inexorable realidad. Económicamente no hay ya futuro, al menos un futuro con cierto orden y decencia.
Esta crisis es muy larga, decisiva, como la del pasado siglo, porque es imposible mantener las tasas de beneficios de los capitales y porque los capitales financieros, especulativos, corren por el mundo como pollos sin cabeza cargados de dinamita, mientras a los capitales productivos les resulta inútil el dinero barato de los financieros y les falta el beneficio, y sin incremento de las tasas de beneficio el capitalismo no funciona. Recordemos una vez más cuánto duró la crisis del 29. Comenzó en el 29 y acabó en el 46 con la implementación de los acuerdos de Bretton Woods, y por el camino se dejó millones de muertos, guerras, fascismos, y un largo etcétera criminal. Sólo tras eso se resolvió la crisis, a ese altísimo precio. Ahora nadie quiere decir la verdad y enfrentar la dura realidad actual, sólo estamos a menos de la mitad del camino de la salida de la crisis, y ya los síntomas son nefastos en Europa y Norteamérica.
Sólo queda la calle. Pero la calle no es nada si no se consigue el gobierno, y a su vez el gobierno no sirve para nada si no se tiene la calle. Calle sin gobierno o gobierno sin calle sólo dan un resultado: los tanques. Calle y gobierno pueden contener los tanques, pero siempre que la mecha prenda a la vez en otros puntos de Europa, y aún así, calle y gobierno, pero sin ir demasiado lejos. Difíciles equilibrios, improbables.
Y gobierno no quiere ya decir partido de corte clásico, partido sólido de vanguardia, o sea partido alejado de la ciudadanía, por el contrario quiere decir movimiento que se concreta en entente de partidos y movimientos civiles capaces de estar a la altura de tales circunstancias con suficiente lealtad o al menos sentido de la realidad, la conveniencia y la oportunidad. Y quiere decir descentralización, poder de las ciudades y las regiones, poder, en definitiva, de lo pequeño frente a lo grande, de lo débil frente a lo poderoso, lo débil se dobla pero no se quiebra fácilmente, lo fuerte se quiebra al no poder doblarse fácilmente.
Y todo esto en tan poco tiempo, tres o cuatro años para empezar y el doble o poco más para implementar. Demasiado difícil, probablemente sigamos muchos años con fútbol, banderas y mucho plasma, y desde luego con sólidas leyes mordaza, sólidas instituciones europeas y mucha miseria mientras se camina al precipicio internacional.


lunes, 16 de mayo de 2016

Empleo, sistema, y plasma



Una vez más hemos de soportar insistentemente esa cantinela de que el objetivo de todos los partidos es crear empleo. Parece un objetivo sensato, imprescindible, el objetivo real al que debe por sentido común dirigirse toda sana política económica.
Más bien lo cierto es que ese lema es una vaguedad difusa carente de significación, de concreción objetivable, conjunto de falacias sin sentido, publicidad partidista de personajes reacios a realizar esfuerzos mentales y mucho menos políticos.
Ante la cuestión del paro confluyen cuestiones muy diferentes pero que han coincidido en estos tiempos: un incremento descomunal, exponencial, de la población humana, un desarrollo de tecnologías específicas dedicadas a rentabilizar el esfuerzo, el trabajo, a incrementar la productividad, un desarrollo de la sanidad e higiene a nivel mundial que conlleva que la pirámide de la población mundial tenga una enorme base con una bolsa inmensa de población menor de treinta años en unos países y que se alargue descomunalmente hacia arriba con un notable retraso en la edad de supervivencia de los mayores en otros países, y una enorme supervivencia infantil, hechos que fuerzan a incrementar el esfuerzo de los sectores demográficamente productivos a favor de grandes masas de sectores necesariamente improductivos.
Y este análisis es perfectamente válido incluso visto sólo para Europa y Norteamérica en donde cada vez más la bolsa en edad de producir está engrosada no ya sólo por el crecimiento de la población autóctona sino sobre todo por la masa de población inmigrante que no admite ninguna barrera y que encuentra grandes dificultades para integrarse en trabajos de alta especialización y tecnológicamente complejos. El resultado inevitable es que ese conjunto de situaciones coincidentes hace imposible en el actual sistema económico crear trabajo productivo para toda la población en condiciones de producir. El paro no es consecuencia de la crisis, la crisis es en parte y en última instancia consecuencia del paro, al menos bajo el actual sistema y con los actuales parámetros, y el paro es parte nuclear de este sistema, no resoluble, no absorbible de forma imperativa. Sin comprender esto es inútil pretender enfrentar el problema.
La parte de la crisis que está provocada por el paro estructural es la que fuerza necesariamente el incremento de la tasa de ganancia por la conjunción de mejoras tecnológicas para el incremento de la productividad y por la caída de salarios generalizada imprescindible para que cada empresario en esas condiciones pueda luchar por un lugar competitivo al sol. Una vez más el ejército de parados fuerza a su vez la bajada de los salarios y la proletarización de amplios sectores sociales antes de ámbitos profesionales, funcionariales, de muy pequeños empresarios, comerciantes, etc., lo que conlleva una bajada de la demanda de bienes no imprescindibles y una nueva necesidad de incrementar la productividad bajando los salarios y desarrollando continuamente nuevas tecnologías más competitivas.
La consecuencia social es pobreza, miseria, desesperación, por ahora, pero la consecuencia a ya bastante corto plazo es la imposibilidad de mantener con los fondos generados por los sectores en el espacio productivo a los sectores no productivos en continuo incremento. Las cajas de pensiones y los fondos para la sanidad se van resintiendo y se tienden a agotar sin poder cubrir decentemente a esos sectores no productivos de la población, que además de los mayores y los niños, cuentan cada vez más con los parados de larga duración, los marginales expulsados del sistema, sea en atención clínica o en cárceles, y además los ejércitos cada vez más sofisticados, profesionales y poderosos, y las policías, cada vez más diversificadas, más privatizadas y más numerosas.  
Todo esto lleva necesariamente al Estado, pero no es lo único que lo hace, a buscar más recursos para evitar la explosión social. No es nuestro supuesto Estado de bienestar un producto conquistado a las clases dominantes por un buen acuerdo humanitario con ellas, es la necesidad históricamente comprobada de que si no actúan así las clases dominantes la explosión social les acabará saliendo demasiado cara. Y para evitar esa explosión producto de la pobreza y la miseria han de apuntalar a esos sectores desplazados de la sociedad con dinero fresco que les impida llegar al punto crítico de deterioro en que la explosión se produciría inevitablemente. Siempre moviéndose en esos límites, pero nunca dejando que se sobrepasen, aunque el deterioro lento pero implacable no deja de sentirse continuamente en la sociedad entera.
Y el Estado ha de buscar ese dinero fresco en cualquier lado, ya que la sociedad no produce bienes ni suficientes ni adecuados para que su comercialización cubra vía impuestos esas necesidades, y lo busca por el camino más estúpido posible, pero el único que el sistema permite: por un descomunal sistema de créditos circular y especulativo que genera dinero carente de contrapartidas productivas reales. De hecho en el mundo actual hay firmados créditos a corto que probablemente rondan más de cuatro veces lo que el mundo produce cada año. O sea, cada año todos los deudores han de pagar a sus acreedores más de cuatro veces en dinero lo que la economía real productiva produce en ese mismo año, lo que obviamente es imposible a menos que se fabrique dinero sin contrapartida en su valor real. Sólo el necio confunde valor y precio.
Y claro, los vencimientos de cada Estado, de cada banco, de cada multinacional, de cada gran fondo de inversión, han de cubrirse para evitar la quiebra, para cubrir la exigencia perentoria de pago que resulta materialmente imposible de cubrir. Y eso sólo admite una solución: refinanciar, crear más deuda, pedir prestado para pagar préstamos vencidos, que es, evidentemente, lo contrario a una solución, que es por el contrario un incremento continuo del mismo problema que no se quiere enfrentar ni resolver.
Esa es la situación real. Prometer crear empleo es tan sólo una muletilla carente de contenido válida exclusivamente para la propaganda por plasma, para el discurso vacuo y cínico de la derecha, se llame esta como se quiera llamar.
Se puede prometer crear mejores condiciones sociales y enfrentar de forma global la cuestión de la deuda mundial, pero eso no parece atraer a demasiados políticos, les resulta arduo y complejo, es mejor mentir, engañar y por prudencia hacerlo detrás de una buena pantalla de plasma.

miércoles, 20 de abril de 2016

GRAN COALICIÓN: ¿INCERTIDUMBRE?



Se busca presidente de gobierno, abstenerse usados y de segunda mano. Este parecería el anuncio que los poderes fácticos están insertando en la parte oscura de internet y haciendo circular en los partidos de poder. Así las puñaladas traperas en el seno del PP son de categoría suprema, unos se ven forzados a echar como sea a Rajoy y su caterva de corruptos notorios que entorpecen la gran coalición y otros se ven obligados a defender con uñas y dientes su fastidiosa preeminencia ante la probabilidad más cierta que nunca de que si caen verán la cárcel en pocos meses. Así, hoy te asesino a un ministro corrupto pero yo a ti te pongo en la picota a un Aznar igualmente corrupto, y mañana ya veremos, y aunque parezca que nos acostumbramos a todo aún veremos cosas que harán fablar a las piedras.
Porque hay una única decisión de esos poderes reales, fácticos: la gran coalición, única fórmula que permitiría mantener a la banca apuntalada ante su cada vez más inminente situación de descalabro total. La cuestión no es resolver los gravísimos problemas de la actual fase de la gran crisis, sino alargar el tiempo antes del desastre pensando que ese tiempo se podrá alargar indefinidamente, es la que llamaríamos la táctica israelí: ganar tiempo y después ya veremos cómo seguir ganando tiempo.
Y si la intención era quitarse de encima a Rajoy y su banda antes de que fueran imperativas por ley nuevas elecciones han comprobado que el boss gallego es un hueso demasiado duro de roer. 
Así que si en cuatro días no le liquidan iremos a unas elecciones en las que el PP sabe que perderá un millón de votos más o menos pero seguirá contando con su vastísima red de clientelismo caciquil local, sobre todo en las poblaciones pequeñas donde demasiada gente está demasiado comprometida con la corruptela permanente del PP como para dejarle de votar.
Efectivamente, vivimos en un país esencialmente corrupto, y demasiados ciudadanos son no simples colaboradores sino verdaderos cómplices movidos por sus pequeñísimos intereses a nivel local que garantizan pequeñas o no tan pequeñas prebendas, y sobre todo fidelidades temerosas de perder sus pequeños o no tan pequeños apaños en sus pequeños o no tan pequeños negocios familiares, sus arbitrarios puestos de trabajo para yernos, sobrinos o padres o su cierta seguridad dentro de lo que cabe de que no va a venir el comunismo y les va a expropiar sus casas, que aunque parezca increíble hay mucha gente escasamente cultivada y escasamente política que tiene la desgracia de creer tales barbaridades si pierde el PP.
Y esos votos perdidos no sujetos a la red clientelar corrupta del PP o bien porque no lo habían estado antes, eran votos honestos de gente de derechas, o bien porque en su pueblo o ciudad el PP ha perdido el poder y el PSOE no lo ha ganado totalmente y ni aún parcialmente, irán necesariamente a Ciudadanos, que verá incrementada su cuota en ese millón que gracias a nuestro perverso sistema electoral sí les valdrá para subir en escaños algo más de lo que representan.  
Y el confuso, difuso y afuso PSOE verá comidos indefectiblemente sus ya magros escaños por la derecha hacia Ciudadanos ante el temor a un deslizamiento ni tan siquiera mínimo a la izquierda de su derechoso partido, y por la izquierda ante la evidencia de la inutilidad de seguir votando PSOE cuando hay otro partido que es más auténticamente socialdemócrata y que va por la izquierda de ganador manifiesto. Luego vendrán las vendettas y a un tal Sánchez posiblemente le encontremos olvidado en los rincones de la política ficción dentro de pocos meses.
Y así ese conjunto disjunto que se llamará como sea pero que resulta inevitable para ganar, por más que a los timoratos de la casta de Podemos les resulte peligroso llevar a cuestas la alianza con los restos peceros de esa organización siempre moribunda llamada Izquierda Unida, ese conjunto ganador compuesto por un adecuado ensamblaje de confluencias, mareas, afluencias, izquierdaunidas, iniciativas y podemidades, se encontrará al menos con sus propios seis millones de votos que le coloque a la par en votos del PP pero un tanto por debajo en escaños gracias una vez más al alto precio del diputado en ciudades grandes y el bajo precio en pueblos, ciudades pequeñas y territorios despoblados. Al fin y al cabo salvo en Andalucía el voto de izquierdas sigue siendo fundamentalmente urbano, y el de Podemos más aún.
Así que ya tendremos los huevos para la tortilla. 6 / 6 / 4 / 4 = Gran coalición inevitable PP+PSOE+Ciudadanos, ¿o alguien cree que después de la broma de estos meses y de nuevas elecciones, el PSOE podría tan siquiera pensar en formar parte en minoría de un gobierno de izquierdas?
¡Ah! Y falta encontrar ese mirlo blanco llamado presidente independiente ¿De Guindos, quizás?, aunque pasadas las nuevas elecciones tiene algunos contrincantes peligrosos y tan supuestamente independientes o quizás algo menos pero no importa, que él.
Es trágico, sin duda, pero cuatro años de oposición verdadera y en la calle, son imprescindibles para que lleguemos a tener unos partidos vivos y representativos y un gobierno que pueda titularse al menos socialdemócrata, y sobre todo para que por fin salgamos a la calle los ciudadanos sin sentirnos mediatizados por nadie, sino arrastrando a esos partidos quizás un poco excesivamente parlamentarios.
Y en realidad eso no será precisamente un inconveniente sino más bien un acicate absolutamente imprescindible. Podemos ha querido ser un partido de elite, parlamentario y medroso ante la calle. Mucho móvil y mucho virtualismo, pero poca vida real. Nos falta toda esa calle que eclosionó el 15M y que la vida de partido ha conseguido marginar, nos faltan las mareas, la discusión pública, la vida de los barrios, de los polígonos, de los pueblos, nos falta ese aire llamado espontaneidad y libertad sin los que la izquierda se ahoga. Ese aire que sí que tienen las mareas, las confluencias, Iniciativa y hasta Izquierda Unida, pero que Podemos creía que era –como Laplace respecto a Dios- una hipótesis que no resulta necesaria.