lunes, 18 de marzo de 2013

MÁS SOBRE CHÁVEZ Y EL CHAVISMO


El espectáculo de las honras fúnebres de Chávez no puede proporcionar sino tristeza. Grandilocuencia huera, movilizaciones masivas cargadas de emotividad a flor de piel, ditirambos y esa mezcla de patriotería y religión que tan ajena es siempre a la dignidad y la libertad.
Venezuela es petróleo. Y casi nada más. Esa es su tragedia. No cuenta ni la ciudadanía, ni el país, ni el futuro, sólo cuenta el ser el país con mayores reservas del mundo.
Ya hemos explicado que a diferencia de casi todos los grandes productores, la Venezuela chavista vende el petróleo a tocateja, y además juega en el pool de los grandes productores a subir los precios de forma artificiosa, lo que a los productores les cuesta al día, pero les da ventaja a medio plazo. Falta por decir que a largo plazo, como toda burbuja, ese cálculo se desinfla ya que no es posible mantener así una burbuja artificial demasiado tiempo.
Así, ahora estamos en precios contenidos, imposibilidad material de subirlos más y bajada general del consumo, excepto en China y La India, que no son productores. Ahora no es posible manipular nuevas subidas, y en principio todo indica que por mucho tiempo.
El chavismo ha intentado abrir alguna otra compuerta, como la del oro y otros sectores de la minería, pero con un coste social alto porque eso le ha exigido un control muy estricto, y desde luego militarizado, de las regiones productoras. El asesinato nunca aclarado de destacados dirigentes indígenas que se oponían al desplazamiento de sus pueblos para explotar esas tierras en beneficio de la minería ha sido uno de los puntos oscuros del chavismo.
No hay más. Y además Chávez combinó la venta directa y a tocateja de petróleo, con concesiones a los grandes monopolios de la extracción de contratos a treinta y cuarenta años, que embargan el futuro y significan una cuerda al cuello de Venezuela, porque los Estados detrás de esas concesionarias no permitirán mañana una nacionalización no compensada a su buen entender. Claro que los chavistas se podrían atrever con Repsol porque la situación española es muy débil, pero no parece que se pudieran enfrentar a las británicas y norteamericanas. Al fin y al cabo el principal cliente del petróleo de Venezuela es precisamente los EEUU.
Es una situación sin solución, ya que la economía no ha organizado salidas y al ser un régimen excesivamente dominado por militares, ha consumido también una buena parte de su presupuesto en gasto militar. Este gasto se ha visto enormemente incrementado, supuestamente para defender la patria, pero habría que pensar que, sobre todo, para tener un acertado control y una buena predisposición hacia la cúpula, por parte de los numerosos componentes de las fuerzas armadas.
Chávez era un militar, y un militar golpista, que supo, luego del fracaso de su pronunciamiento, adaptarse a las normas electorales vigentes, pero no con el mismo rigor a las democráticas. Sabía bien que la participación real en la vida política en Venezuela ha sido tradicionalmente cosa exclusiva de las clases altas dominantes. Jugó una baza poderosa, consiguió llevar a las capas marginales hasta las urnas y con eso ganar elecciones y hasta cambiar la Constitución, pero esas masas no parecen estar verdaderamente politizadas, no parecen tener criterios políticos firmes, heredados de tradiciones de lucha política obrera y campesina, si no criterios más bien cercanos a cierta demagogia de reciente cuño. Con este sector de la  ciudadanía es difícil llegar más allá de a donde se ha llegado: ganar elecciones y crear un ambiente poco ordenado y cívico, con una violencia callejera imposible de soportar demasiado tiempo. Hay demasiadas armas en la calle en manos de gentes a las que no se les podrá contener ni organizar y que hace ya tiempo que campan por cuenta propia enfundados en una supuesta estructura revolucionaria chavista.
Siempre se ha dicho que es fácil militarizar a los civiles, pero casi imposible civilizar a los militares. Un militar es siempre y ante todo un militar, no encaja en su mentalidad la vida civil, las normas de respeto y convivencia democráticas, le resulta difícil comprender que las decisiones del gobierno no sean de obligado cumplimiento por la ciudadanía. Hay incluso militares honrados y dignos que hasta mueren en defensa de la democracia, pero salvo ciertas excepciones dignas del mayor elogio, difícilmente serán realmente demócratas. Como dijo un antiguo etarra reconvertido en diputado democrático “No se puede ser demócrata con una pistola en el bolsillo”. Se puede luchar contra la dictadura con armas, pero raramente esos que llevan esa lucha pretenden sustituir la dictadura por una democracia sino por otro estado autoritario, aunque también es cierto que Latinoamérica en los años 70 y 80, la España de la República y Portugal, nos ha dado muy extraordinarias excepciones, si bien por desgracia esos revolucionarios que lucharon contra regímenes dictatoriales con las armas, cuando pudieron integrarse en la vida civil, fueron casi siempre masacrados por fuerzas oscuras del terrorismo de ultraderecha.
Ese será el segundo problema irresoluble de Venezuela. La economía no puede funcionar a medio plazo, y el desorden ciudadano acabará favoreciendo sólo a la derecha más reaccionaria y a fuerzas militares que se podrán escudar en el chavismo, pero que acabarán sirviendo a la derecha más brutal.
En tiempos de la Revolución Francesa y los prolegómenos de la independencia de las colonias americanas, el gran marino y político Alejandro Malaspina, uno de los teóricos que más hizo por su independencia, había escrito: “Desgraciado del que intenta hacer de la plebe filósofos, no hará más que fanáticos”.

martes, 12 de marzo de 2013

LAS REGLAS DEL JUEGO


Por fin resulta imposible seguir defendiendo una buena imagen de la presente jefatura del Estado. En consecuencia aparecen en segundo plano las figuras a las que se quiere presentar como sensatas, dignas y no inclusas en la corrupción generalizada: la reina y su hijo.
La operación no parece resultar fácil. La reina tiene una figura de prudencia y un notable saber pasar. Según se ha contado repetidas veces, el salvador de la democracia lo hizo en última instancia porque cuando estaba a punto de apoyar el golpe de Estado del 23F, acordado con ciertos altos militares muy próximos a él al que inopinadamente se sumaron unos cuantos gorilas aguafiestas, su consorte le recordó que exactamente eso mismo le costó el trono y toda su fortuna personal a su hermano cuando los coroneles dieron el golpe en Grecia hace cuarenta años y al hermano de la reina no se le ocurrió mejor idea que ponerse detrás de ellos en vez de manifestarse enfrente.
Su objetivo es conseguir que su hijo Felipe consiga la corona antes de que sea demasiado tarde. Son pasiones de madre perfectamente comprensibles, pero en esto, como en tantas otras cosas, no cuenta con el menor entusiasmo, ni de lejos con el más mínimo apoyo, de quien todavía la detenta.
Pero no es la única interesada, incluso es la interesada en la abdicación del actual jefe del Estado de menor importancia. Todo el arco político muñidor de la transición de los años 70 y 80, PP y PSOE, y hasta partidos como CiU, y otras fuerzas muy poderosas y escasamente públicas en sus declaraciones, ven un claro peligro para la estabilidad y la continuidad, en la pertinaz y desbordante capacidad del rey para hundir la imagen de la monarquía.
Y es que el coctel de penosas aventuras sentimentales de típica impronta borbónica, gastos suntuarios, barbaridades de manifiesta impresentable ética como dedicarse a cacerías de especies en peligro de extinción pagando por ello además cantidades que representan el salario de muchos años de un trabajador medio, la estulticia de las salidas de pata de banco en reuniones internacionales, la manifiesta imprudencia al hacer gala de una vida ostentosa, junto a los susurrados escándalos de comisiones, cobros anómalos, dineros públicos utilizados para placeres privados, la ligazón profunda y estable a déspotas medievales como los grandes jeques del petróleo árabe, o los más corruptos titulillos aristocráticos de Europa y América, conforman una situación cada vez más impresentable para la figura del actual jefe del Estado.
Ya hace años salió a relucir el escándalo de las comisiones repartidas entre varias personas de su círculo íntimo y él mismo por una venta millonaria de armas a Arabia Saudí aprovechando la guerra del Golfo. La broma se tapó a tiempo, antes de que estallara en toda su dimensión, pero a su testaferro Diego Prado y Colón de Carvajal le costo la huida ignominiosa y su refugio en la dorada Suiza por el resto de su vida. Gran servicio a la corona, tapar las vergüenzas del rey siempre ha sido una labor considerada importante y noble, y además bien remunerada.
¿Es un gran servicio a la patria conseguir que a unas empresas controladas por grandes empresarios españoles les den un contrato de miles de millones por hacer un AVE increíble para llevar una vez al año peregrinos musulmanes entre Medina y La Meca? ¿Es más bien un buen negocio para unos pocos, muy, muy pocos y un nicho de gigantescas comisiones para unos menos, exclusivamente para ellos? Desde los tiempos de González el negocio del AVE siempre ha olido francamente muy mal.
Y así en tantas otras maniobras oscuras que se presentan como grandes operaciones financieras y diplomáticas que se dice en los más altos círculos del poder que requieren de una necesaria prudencia y de la más todavía necesaria opacidad.
Así que la situación va resultando cada día más compleja, más arriesgada, y sobre todo más inútil. Prácticamente nadie defiende la monarquía en sí, excepto la reina y su hijo, claro que por razones demasiado interesadas. La derecha y el socialismo reformado y conformado del PSOE, defienden la estabilidad y temen a la República porque en España la República es sinónimo de profundas reformas sociales, éticas, cívicas, educativas, culturales. Además la República es la única forma de enfrentarse democráticamente al tema hiriente de la estructura del Estado y la autonomía real y sólida de las nacionalidades históricas. La República en España es federal y social, o no es, y a eso le tienen demasiado miedo los grandes partidos, poco amigos ni de lo realmente federal, ni mucho menos de profundos y radicales ajustes políticosociales.
Todos quisieran ver abdicar a un rey ya poco presentable, a un personaje al que todos los poderes fácticos consideran amortizado, y por tanto con fecha de caducidad o cumplida o próxima a cumplirse, sólo les falta convencerle a él mismo, ya que al ser una auténtica monarquía no hay más método para quitarle de en medio que, o su voluntaria abdicación, o su eliminación material.
Pero este señor tiene otra preocupación añadida. Según reza la Constitución del 78 en su artículo 56 “la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”. Lo que se traduce en que la Constitución establece que el rey no puede ser llevado a los tribunales de justicia haga lo que haga, y ¡hay que ver lo que ha hecho, que en otras personas estaría ya en los tribunales!
Si abdica deja automáticamente de ser inviolable y pasa a estar sujeto a las leyes penales ordinarias, como lo está ahora su protegido yerno y estará pronto probablemente su propia hija, y como lo estuvo hace unos meses por un tema casi anodino, -utilizar armas sin el debido permiso y dárselas a usar a un menor- el exmarido de su otra hija.
En todo caso no parece querer arriesgarse lo más mínimo y ha declarado que no piensa abdicar de ninguna de las maneras. Y que su supuesto heredero aprenda a seguir esperando lo que él como monarca tenga a bien decidir.
Y las presiones son cada vez mayores, aunque no sea fácil saber de donde vienen con mayor fuerza, y sobre todo, con mayor capacidad de acción real.
Seguimos sin saber a ciencia cierta quienes mandan e incluso gobiernan en España, pero alguien parece tener claro que esos poderes fácticos no están dispuestos a admitir bromas. Si el rey no quiere abdicar y para esos poderes esto es ya una exigencia improrrogable, se le da un aviso. Explota un depósito de bombonas de oxígeno en el hospital en el que se encuentra recuperándose de su enésima operación, sin muertos ni heridos, pero con gran alharaca, humo, miedo, desalojos, etc., haciendo notar que la mano de los poderes fácticos, reales, están tan cerca del rey como quieran.
Nos acercamos a la abdicación, y eso quizás nos parece acercar también a la República. O al caos, que son demasiados los que lo prefieren a la República, y además son aguas donde los pescadores en aguas revueltas sacan más provecho.

sábado, 9 de marzo de 2013

CHÁVEZ Y LA ECONOMÍA


Desde la ignorancia y sin querer entrar en valoraciones genéricas, quisiera dejar esta nota acerca del presidente Chávez recientemente fallecido.
Venezuela tiene las mayores reservas de crudo del mundo, más que Arabia Saudí, Irak, Irán, Noruega, etc. Desde hace casi tres cuartos de siglo es una economía de monocultivo, con su petróleo las clases dominantes han podido comprar de todo fuera del país a precios que a ellos en nada les afectaba. Eso creó una capa de población muy rica, y supeditada a ella otra más fina de alto nivel económico, y una inmensa mayoría a nivel de supervivencia, pobre, o simplemente claramente desfavorecida.
En la época de las revoluciones, los años sesenta y setenta del pasado siglo, se produjeron fuertes movimientos sociales, y algunos armados, que fueron siendo destruidos por el ejército, pero también por su falta de integración en la sociedad venezolana. Las grandes capas marginales de población quedaron fuera fundamentalmente de esas luchas.
Sin embargo ha tenido una fuerte tradición democrática, con sistemas electorales bastante fiables, libertades civiles claras, especialmente la libertad de prensa y de asociación, y con una muy amplia vida cívica llena de polémicas, pero poco fructífera.
De esta manera nadie durante decenas de años se preocupó de la inmensa masa de población marginada, más de la mitad, ni del tremendo analfabetismo, ni del desarrollo industrial, agrícola o ganadero, ni de pensar en el futuro.
Chávez propuso un cambio social profundo, al nivel más elemental: la asistencia social y la organización cívica de esa asistencia. Sacó de la marginación a varios millones de venezolanos, sacó del analfabetismo a casi la mitad de la población, y movilizó a la sociedad en una serie de polémicas políticas y sociales nunca planteadas en el país hasta entonces.
En eso fue gastando los enormes ingresos del petróleo que pudo recoger en un momento de subida de precios. E invirtió enormes sumas de ese mismo dinero en apoyar la economía de otros países de la América Latina, hasta conseguir volver a levantar un enorme la movilización social en toda América que desde los años 70 había quedado prácticamente liminada.
El problema es que no supo crear futuro. Ese mismo dinero no se utilizó para crear capital, ni material, ni humano. Cierto que era de la máxima importancia sacar a la mitad de la población de la marginación y el analfabetismo, pero eso no debía haber dejado de lado la formación de una capa social numerosa de origen trabajador, con estudios superiores, con buena formación profesional, con interés por el futuro, con preocupación por la educación y la cultura, por quitarle el privilegio de la educación y la cultura a la exigua minoría de las capas altas y altísimas de la sociedad venezolana.
Ni tampoco se utilizó ese dinero para crear una industria básica, simplemente se ponía en debate el que empresas extranjeras, multinacionales, invirtiesen en Venezuela o no, olvidándose de las muchas otras posibilidades de desarrollo que podía haber tenido el país, especialmente en turismo, derivados del petróleo, agricultura, y en su excelente cabaña ganadera.
Claro que no se puede crear improvisadamente un país industrial, pero es muy importante crear las bases formando profesionales y gastando dinero en la más alta formación universitaria, especialmente consiguiendo que todo el que pueda hacer una carrera la haga sean cuales sean su origen social y sus medios económicos.
Esto hubiera creado futuro, claro que a costa de menor asistencia social a las clases más desfavorecidas, pero a medio plazo el resultado se vuelve casi indestructible, mientras que la asistencia social sin ese respaldo no podrá seguramente mantenerse indefinidamente, sobre todo en esta época de precios bajos del petróleo.
Lo más triste es que Venezuela exporta crudo pero importa derivados, gasolina y gasóleo, porque no tiene prácticamente capacidad de refino. Probablemente eso si que era lo más importante, y eso requiere capital, mucho capital, y además profesionales, ingenieros, economistas, y no simplemente acordar con multinacionales que sean ellos quienes tengan a bien o no el que construyan y manejen la capacidad de refino.
Igualmente la capa dirigente sabe que enfrente de Venezuela se encuentran muchos de los principales focos turísticos del mundo, algunos del más alto nivel económico, y sin embargo el mundo del turismo sólo conoce de Venezuela la Isla Margarita, tristísimo error. Claro que para desarrollar el turismo hace falta elegir. O inversiones extranjeras puras y duras, o creación de un fuerte entramado turístico de nivel medio, con idiomas, hoteles, infraestructuras, que son aeropuertos, puertos, carreteras, vehículos de todo tipo, agencias, etc. Eso no se crea en unos pocos años, pero en un plazo medio podrían haber estado al nivel de México, Cuba, República Dominicana, o las múltiples islas del Caribe de alto nivel turístico. Eso hubiera requerido la formación de un sector desde cero. Difícil pero imprescindible para no estar vendido a unas cadenas extranjeras carentes de interés en el desarrollo del país donde invierten.
Nada de esto parece haber tomado forma en estos años. Es el mismo error que el cometido en España por Aznar y Zapatero, monocultivo que no produce ahorro, inversión, sino tan sólo acumulación de un bien del que una vez vendido ya no se puede sacar ningún provecho posterior. Los árboles ocultan el bosque, y al final la posible obra social bien hecha en un sentido, es destruida en muy poco tiempo sin que nadie se sepa resistir realmente.
El dinero no es capital, el capital nace del ahorro, de la inversión productiva y de la capacidad de competir profesionalmente. Una capa alta de ciudadanos con una gran formación ha hecho de La India el país del mundo puntero en informática, pero el nivel profesional es muy alto. Esa es la clave.
Ese parece el gran error del régimen Chavista, la probable gran derrota de Chávez que difícilmente podrá evitarse.
Aún así hay que decir que sólo tres grandes productores en el mundo vendían su petróleo a tocateja, ya que todos los demás lo venden a futuro, esto es, acuerdan a meses vista un precio y un plazo de entrega, sistema por el cual los compradores manejan a su antojo los precios y los vendedores carecen de libertad para negociar, si bien a cambio de cierta seguridad. Curiosamente esos tres países eran Libia, Siria y Venezuela. Ya sólo queda Venezuela y las cartas están echadas.

jueves, 7 de marzo de 2013

LA REPETICIÓN DE UNA TRAGEDIA RESULTA UN SIMPLE VODEVIL



Volvemos a lo de siempre, a lo que nunca se había ido. Se llaman poderes fácticos, como se llama mercados a lo de los especuladores sin escrúpulos, y se llama imprescindible sistema financiero a lo de los banqueros.
Cierto que cambian de cara con cierta frecuencia, sobre todo porque no se soportan entre ellos, y todos aspiran a pisotear a sus propios colegas y pillarles también lo suyo. Lo suyo que a su vez viene sólo y necesariamente de nuestro trabajo.
Para los pijochicagos habrá que dejar claro una vez más que si uno mete un montón de billetes de quinientos euros en una jaula y espera un año, al cabo del año sigue habiendo simplemente ese mismo montón de billetes, pero que si alguien mete en esa misma jaula a un montón de trabajadores trabajando por salarios indignos muchas horas al día y un solo billete de quinientos euros, al cabo de un año hay un capitalito ¿o no?
Son los poderes fácticos, pero nadie se engañe, tienen cara, tienen domicilio, tienen DNI o pasaporte, a veces diplomático, tienen cuentas bancarias en los lugares más inopinados, y tienen sobre todo amigos, aunque demasiadas veces sean poco amigables con sus amigos, y otras veces sepan repartir con buen sentido.
El principal problema es que estos tipos hacen malabares porque no se sepa quienes son. No es cosa, por supuesto, de inventados sabios de Sión, ni de clubs Bilderberg, es cosa de la necesaria prudencia que exigen ciertos negocios.
Ahora estamos en el caso español, que resulta especialmente gracioso. ¿Quiénes gobiernan realmente? Nadie lo sabe. Muchos señalan a tipos como Botín, Rato, y sus amigos de la banca, pocos a los Florentinos, Koplowitz, Villar Mir, Abelló, etc., de las grandes promotoras, telefónicas, eléctricas, etc., algunos a las embajadas alemana, británica, norteamericana, etc., otros mas sabidos, a fondos de inversión, banca internacional, y extrañas corporaciones.
El hecho es que salen a relucir nombres desconocidos para la inmensa mayoría de la ciudadanía, y que parecen tener un poder descomunal. Nadie ignora quienes son los Rajoy, de Guindos, e incluso González o Aznar, pero la inmensa mayoría nada sabia de un tal Barcenas, de un tal Correa, de que la influyente Sra. Mato tenía un marido mucho más influyente todavía.
Ya hemos dicho que las informaciones hasta la fecha publicadas no parecen indicar que haya un poderoso partido que tenía dentro una sólida organización criminal dedicada a la corrupción, el soborno, el fraude a la Hacienda pública y la utilización de caudales públicos para enriquecimiento privado, si no que por el contrario una poderosa organización criminal dedicada a esos menesteres, tenía dentro incluso al más poderoso partido del Estado.
Ahora se nos plantea el dilema más grave: ¿Era esa organización criminal un poder político con un trasfondo ideológico concreto, o por el contrario eran simples testaferros de simples organizaciones criminales cuya única ideología era el “estoy en política para hacerme rico”.
Recordemos una vez más que en la Italia de los 60 la trama criminal que tenía en su poder inmobiliarias, bancos, negocios de armas, cobrara tributos por su cuenta a quienes querían acceder a obra pública, y un largo etcétera, tenía en su cúpula a un Licio Gelli, que había combatido en España en apoyo de Franco como voluntario y que había establecido en la Italia democrática una estructura supuestamente masónica, pero más bien criminal llamada P2, cuyo objetivo era no sólo dominar el poder económico y político, sino también abrir paso a un régimen neofascista. Que para eso tenía el claro apoyo de un político astuto y carente de todo escrúpulo llamado Andreotti, el cual, desde el fin de la guerra mundial, había ocupado todos los cargos públicos posibles excepto el de presidente de la República, que este individuo y sus amigos crearon una organización secreta dentro de los servicios de información militar y civil llamada Annelo, que de acuerdo con un general aristocrático llamado Borghese, habían creado un entramado golpista con la cúpula de la OTAN, llamado Red Gladius, para incluir a Italia en el grupo de dictaduras militares del sur de Europa junto a Grecia, España y Portugal, y que para esos fines mantenían una negociación confusa con la Mafia siciliana, instalada a la vez en los Estados Unidos, en Marsella, y que era clave en los movimientos del dinero negro en medio mundo, y que al final los hechos se escaparon de las manos de sus brutales protagonistas y acabaron en los asesinatos del jefe de la Democracia Cristiana, Aldo Moro, del papa Juan Pablo I, de varios de los banqueros más importantes de Italia, el atentado de la estación de Bolonia, con más de ochenta muertos nunca explicado a la ciudadanía y nunca aclarado quienes lo cometieron, pero que provocó un ambiente de profunda desestabilización, y al final el desastre generalizado llevó a la desaparición de la Democracia Cristiana, la liquidación del Partido Socialista, cuyo líder murió en el exilio perseguido por la Interpol, la muerte del poderosos Partido Comunista, que era curiosamente el único no envuelto en los escándalos y crímenes de Estado, y profundos cambios en la cúpula del Vaticano, que incluyeron la toma de las riendas del poder por unas organizaciones político-religiosas fundamentalistas que fueron la clave de la caída de los regímenes comunistas de Europa.
Recordemos que al final el Sr. Gelli se exilió en Suiza, fue condenado por la Justicia italiana in absentia por diversos crímenes, y años después volvió a Italia y hoy, ya anciano reside tan tranquilo en su lujosa villa de la Toscana sin que nunca haya tenido que pisar cárceles. Que el arzobispo Marcinkus, jefe del entramado vaticano que acabó en el asesinato del recién nombrado papa, y la eliminación de los dos banqueros principales de la banca vaticana, se retiró a su país de origen sin que nadie haya dado desde entonces razón de él, salvo saber que falleció en 2006 en su villa de Sun City, Arizona, protegido por su pasaporte diplomático italiano. Que Andreotti fue juzgado por todo tipo de corruptelas años después cuando los jueces comprobaron que sus demostrados delitos estaban curiosamente prescritos y vive pacíficamente su ancianidad en su acogedora casa de Italia, que los jefes de la Mafia siciliana siguen siendo la clave principal del control de regiones enteras y del blanqueo del dinero de la droga de medio mundo y aunque a veces se detiene a algunos de sus principales capos, siguen gobernando igual su imperio sin cortapisas, que el juez que decidió poner fin a esta situación de poder de la Mafia le asesinaron junto a su esposa pocos años después. Que del general Borghese nunca más se supo, que algunos de sus secuaces militares acabaron exiliados en la España del dictador Franco, etc., etc., etc.
Y sobre todo que el poder político se reestructuró nada menos que por un tipo de inmensa y notoria inmoralidad llamado Silvio Berlusconi, magnate del fútbol, la televisión y archimillonario. Y así hemos llegado al caos actual,
¿Cuál ha sido el cambio? Pues se reduce a lo siguiente. En la Italia de los 60 la sociedad civil era una de las más fuertes del mundo. Había mucha corrupción, tal como hemos indicado, pero tenía enfrente una conciencia social y ciudadana tremenda. La movilización ciudadana era continua y la población exigía honestidad pública.
Ahora, en la era Berlusconi, la corrupción es lo obvio, la política tiene como fin enriquecer a los políticos profesionales, la Mafia actúa perfectamente integrada en ayuntamientos, regiones y hasta la cúpula del poder político, el Vaticano sigue siendo un nido de escándalos, corruptelas y poder político en medio mundo, y lo que resulta ridículo es considerar la política con un fin diferente al enriquecimiento privado y la corruptela. Se aplaude la corrupción y se defiende públicamente ese estado de cosas, y se permite tener un gobierno no elegido democráticamente y cuando se hacen elecciones se vota al propio Berlusconi e incluso a un par de millonarios que se declaran oscuramente antisistema cuando son una de las partes más penosas del propio sistema.
Y volviendo a la casa nuestra, lamentablemente nadie sabe quienes gobiernan el entramado del poder político.  Bárcenas parece un simple arribista del modelo Zaplana, Naseiro, etc., Rajoy y Aznar son dos tipos mediocres, vanidosos y sumamente vulgares sin más pensamiento que el heredado de su jefe Fraga, que a su vez era un simple peón del dictador Franco y su entramado de poder, ¿Quiénes podrían ser esos posibles desconocidos todavía detrás de ellos? ¿Quién es nuestro general Borghese? ¿Quién puede poner en duda la existencia del plan B de la OTAN para el caso de que la  situación empiece a irse de las manos en el sur de Europa, y en particular en España? ¿Alguien duda de que entre la muchedumbre de irritados ciudadanos no hay ya un buen puñado pensando en cómo organizar la resistencia armada en plazos verdaderamente breves? ¿Y que esos grupos aún nonatos son carnaza para los servicios secretos de medio mundo y especialmente para los de la Guardia Civil y el Ejército? ¿A alguien le puede extrañar que ETA no tenga el menor interés en entregar las armas?
El gran muñidor fue Fraga, que organizó y controló todos esos conjuntos de fuerzas dispares durante años con la benevolencia y buen hacer de un Partido Socialista que sólo buscaba un hueco donde medrar. Cierto que los gobiernos socialistas hicieron cambios profundos en el ámbito social, todos ahora camino de desaparecer sin que ningún partido socialista se oponga, entre otras cosas por estar tan pringados en demasiadas corruptelas como el PP, pero los cambios en la economía de aquellos González, Boyer, Solchaga, y su cohorte de buenos banqueros, buenos amos de la obra pública y las promotoras inmobiliarias, y de la corrupción en el ejército y la guardia civil, fueron nefastos para esa misma ciudadanía a la que a cambio le daban un colchón social que hoy se quita sin más y ellos reducen su protesta a hipócritas aspavientos.
En eso estamos. Aunque ni de lejos estos sacamentecas locales les llegan a la suela de los zapatos a nuestros vecinos. No en vano preguntaron al propio Andreotti en los años 80 sobre lo que le parecían los políticos españoles de la transición, y él, siempre astuto, contestó: “manca finezza”. Y sigue faltando, si bien y como justa compensación, también falta ahora en la tierra de Andreotti.
Esa es la realidad y éste el principio de algo que acabará bastante peor que lo de la Italia y el Vaticano de los 60 y 70, pero que se parecerá mucho en lo de que algunos de los actuales protagonistas de la más repugnante vida pública deberán desaparecer y callar para siempre, y otros tener un lujoso retiro, incluso en Marbella. ¿O no?