miércoles, 14 de febrero de 2018

EL CORTE INGLÉS: SALDO Y CÓMODOS PLAZOS


En setiembre de 2014 falleció Isidoro Álvarez, presidente de El Corte Inglés, unas cuarenta y ocho horas después del fallecimiento de Emilio Botín presidente del Banco Santander. La curiosa coincidencia de la desaparición de dos de los más importantes personajes de la vida económica del país ofrecía el aspecto de una curiosa y rara casualidad.
Botín dirigía un imperio financiero montado a base de crecer y acumular sin más objetivo que ese mismo crecimiento y acumulación especulativa y financiera. Y en esos años previos marchaba a pelo sobre un caballo desbocado llamado burbuja inmobiliaria. Álvarez intentaba sujetar desesperadamente un imperio comercial que vendía a crédito los millones de utensilios imprescindibles en esos centenares de miles de apartamentos de nueva creación que habían ido surgiendo como setas en esos mismos años.
Botín había seguido la locura expansionista del dinero fácil comprando todo lo que se encontrara a su vista, como un cazador enloquecido compraba bancos en cualquier país, financieras, seguros y concediendo miles y miles de créditos sin suficiente respaldo para adquirir esos apartamentos tanto a particulares como a especuladores institucionalizados, oportunistas del ladrillo, y sobre todo a inmobiliarias de más que dudosa solvencia y capacidad empresarial. Y para poder mover tanto dinero con el que comprar bancos y otras compañías y repartir créditos de escasa fiabilidad, pedía continuamente dinero fresco prestado a fondos de inversión y a otros grandes bancos.
En 2013 la situación era prácticamente insostenible para ambos próceres, sus empresas tenían tal grado de endeudamiento que la quiebra parecería inminente a no ser porque su caída podía arrastrar no sólo a todo el país, sino que incluso podría provocar consecuencias imprevisibles y desastrosas en toda Europa.
La última gran operación de Botín fue comprar la estructura de crédito del Corte Inglés. Se creó una empresa financiera cuyo 51% era propiedad del Santander y el 49% restante del Corte Inglés que pasaba a ser la propietaria de toda la estructura de crédito de la última. Esto representaba un riesgo mayor todavía por parte del Santander y la ruptura definitiva del negocio familiar y tradicional del Corte Inglés.
El C.I. era un negocio singular: en su totalidad era propiedad de la Fundación Ramón Areces, organización sin ánimo de lucro fundada por el gran patriarca ya fallecido y de quien Álvarez era sobrino y a quien dejó en herencia ese gran negocio. Por otra parte, desde los tiempos de Areces, una parte del capital de la empresa estaba en manos, en forma de bonos, de sus empleados que en razón de su fidelidad a la empresa los recibían y que eran préstamos a la empresa que compraban con su sueldo y que les rentaban unos intereses fijos de por vida mayores que los que ofrecía la banca en depósitos a plazo fijo. Una especie de sueldo en diferido. Podríamos decir que en última instancia el Corte Inglés era una especie de ONG familiar.
Claro que además de expandirse vendiendo lavadoras, ordenadores, mobiliario y ropa, el C.I. se expandió en esos años comprando gigantescos solares lo más céntricos posible sobre los que construía aceleradamente sus impresionantes grandes almacenes hasta en ciudades de escasísima proyección económica de futuro.
Y claro está que el Santander no vivía tan sólo de vender dinero fácil a clientes enloquecidos por la burbuja, sino sobre todo del gran negocio del dinero negro que la barbarie constructiva producía sin cesar. Dinero que se obtenía gracias a una legislación urbanística que tenía como fin precisamente la salida a la vida financiera y comercial de enormes masas de dinero no localizable por Hacienda. Si alguien pedía un crédito al Santander o a cualquier otro banco para comprar un piso no le ofrecían como era lo tradicional un setenta por ciento del valor de compra oficial del piso, sino un ciento veinte por ciento ya que las condiciones de compraventa de ese piso incluían siempre una parte en dinero responsable ante hacienda, y otra a tocateja en un sobre.
Otro día explicaremos como se movía ese dinero negro y de donde surgía inicialmente.  
El hecho es que en 2014 tras ambos fallecimientos, la hija de Botín se hizo cargo del control del banco por sorpresa y literalmente al asalto, y el sobrino de Álvarez, Dimas Gimeno, del control del C.I. pero no de la Fundación propietaria del mismo, que hubo que repartir entre las hermanas de Álvarez  y sus dos hijas.
El resultado fue que la Fundación pasó a poseer sólo el 37% del C.I. quedando el resto entre los familiares de Álvarez entre los que Dimas Gimeno sólo tenía la propiedad del 30% restante.
En 2014 para salvar la situación del C.I. el Santander negoció un crédito sindicado de un buen montón de bancos, de los que ellos eran el principal, para aportar liquidez al C.I., y aún así en 2015 recurrieron al estado Qatarí para obtener otro crédito de 1.000 millones de euros que impidiera la quiebra del con la condición de que el C.I. saldría a bolsa cuando los qataríes lo exigieran.
En la actualidad la deuda del C.I. es de tres mil seiscientos cincuenta millones de euros, prácticamente la misma que tras el estallido de la burbuja, la deuda del Santander es literalmente inconmensurable y las cifras oficiales impiden saber a qué niveles astronómicos ha llegado. Para paliarla ha estado vendiendo algunos de los activos que Botín había ido comprando durante los años felices, pero sus acreedores aprietan y ciertos fondos salvajes les están forzando a vender lo que sea para hacer frente a los pagos que vencen continuamente sin liquidez para cubrirlos.
Otro día hablaremos de la compra del Popular.
Al borde de la quiebra de ambas entidades, pero imposibles de quebrar por las consecuencias extremas que esto acarrearía, los qataríes han exigido la salida a bolsa porque a ellos les interesa un rábano la venta de lavadoras y textil y les interesa muchísimo la compra de lo que quede del negocio cuando salga a bolsa y ellos lo compren a precio de saldo ya que la compra absorbería su propio crédito, y con esa operación obtengan una suculenta tajada de un buen montón de solares céntricos de todas las más importantes ciudades de España. El patrimonio inmobiliario del C.I. está valorado en unos dieciocho mil millones de euros.
Claro que en esa situación las hijas de Álvarez y su sobrino se han enzarzado en una serie de pleitos judiciales salvajes por la propiedad de la Fundación y del propio C.I. en la que, por ahora, no ha habido cadáveres. Ya hubo bastante con que desapareciera el férreo amo y patriarca en 2014 cuando se negociaba la venta del sector más importante del C.I al Santander en el mismo momento en que falleciera el propio amo del banco.
La señora Ana Patricia Botín y las hijas de Álvarez y su primo Gimeno, más los qataríes, más unos cuantos personajes de los llamados gestores de primera fila de las grandes empresas españolas están “discutiendo” de forma bastante cruda quien se lleva las mejores porciones del pastel. Y de estos personajes trabajando entre bambalinas el más importante se llama Manuel Pizarro.
¿Y saben quién es el principal garante de las dos operaciones que se están cerrando estos días, la que sostiene artificialmente al Santander ante sus descomunales deudas impagables, y que por tanto necesita solares de alto precio para vender rápidamente y cubrir deudas, y la que ha acudido a la refinanciación del Corte Inglés, que en realidad representa su liquidación por derribo, la venta de sus inmuebles y el despido de miles de trabajadores? Se llama Goldman Sachs, que va a aportar la parte fundamental de los créditos imprescindibles para evitar la quiebra. ¿Y quién ha sido el hombre clave que ha gestionado todo este derrumbe controlado (por ahora) del C.I. y ha puesto más o menos de acuerdo a los qataríes, el amo Gimeno, el Santander y ha ido apartando del poder a las hijas de Álvarez y la vieja guardia de la Fundación? Manuel Pizarro, nieto del general de la guardia civil que al acabar la guerra del 36 dedicó años a liquidar la resistencia guerrillera a base de torturas, asesinatos, violaciones y vaciar literalmente las masías, cortijos y hasta aldeas enteras que supuestamente podían servir de apoyos a la guerrilla antifranquista, llegando incluso a hacer fusilar a los guardias civiles que se mostraban tibios ante la dureza de la represión. Pero dejando a un lado cómo se creó su fortuna familiar gracias al enorme poder de este general durante la Dictadura, diremos que el actual Sr. Pizarro es, entre otras muchas altas responsabilidades y altos negocios, el expresidente de Endesa, puesto que dejó para pasar a organizar esta compleja operación hace tan sólo un par de años. ¿Y saben quién era uno de los más altos directivos de Endesa hasta su nombramiento como ministro? Se llama Luis de Guindos, el ex Lehmann Bothers considerado por el Financial Times “el peor ministro de economía de Europa”. ¿Y saben con quién está casado el Sr. Pizarro? Con la expresidenta de Navarra Yolanda Barcina. ¿Y quién era el segundo tras M. Rajoy en las listas electorales del PP por Madrid en las elecciones del 2008? El propio Manuel Pizarro. ¿Y saben de qué organización, también sin ánimo de lucro, son notorios miembros De Guindos, Trujillo, Barcina, y los Botín? Se hace llamar El Opus Dei. 
Otro día explicaremos algo de lo de la absorción del Popular, el banco del Opus y la Conferencia Episcopal, por el Santander.



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