lunes, 16 de mayo de 2016

Empleo, sistema, y plasma



Una vez más hemos de soportar insistentemente esa cantinela de que el objetivo de todos los partidos es crear empleo. Parece un objetivo sensato, imprescindible, el objetivo real al que debe por sentido común dirigirse toda sana política económica.
Más bien lo cierto es que ese lema es una vaguedad difusa carente de significación, de concreción objetivable, conjunto de falacias sin sentido, publicidad partidista de personajes reacios a realizar esfuerzos mentales y mucho menos políticos.
Ante la cuestión del paro confluyen cuestiones muy diferentes pero que han coincidido en estos tiempos: un incremento descomunal, exponencial, de la población humana, un desarrollo de tecnologías específicas dedicadas a rentabilizar el esfuerzo, el trabajo, a incrementar la productividad, un desarrollo de la sanidad e higiene a nivel mundial que conlleva que la pirámide de la población mundial tenga una enorme base con una bolsa inmensa de población menor de treinta años en unos países y que se alargue descomunalmente hacia arriba con un notable retraso en la edad de supervivencia de los mayores en otros países, y una enorme supervivencia infantil, hechos que fuerzan a incrementar el esfuerzo de los sectores demográficamente productivos a favor de grandes masas de sectores necesariamente improductivos.
Y este análisis es perfectamente válido incluso visto sólo para Europa y Norteamérica en donde cada vez más la bolsa en edad de producir está engrosada no ya sólo por el crecimiento de la población autóctona sino sobre todo por la masa de población inmigrante que no admite ninguna barrera y que encuentra grandes dificultades para integrarse en trabajos de alta especialización y tecnológicamente complejos. El resultado inevitable es que ese conjunto de situaciones coincidentes hace imposible en el actual sistema económico crear trabajo productivo para toda la población en condiciones de producir. El paro no es consecuencia de la crisis, la crisis es en parte y en última instancia consecuencia del paro, al menos bajo el actual sistema y con los actuales parámetros, y el paro es parte nuclear de este sistema, no resoluble, no absorbible de forma imperativa. Sin comprender esto es inútil pretender enfrentar el problema.
La parte de la crisis que está provocada por el paro estructural es la que fuerza necesariamente el incremento de la tasa de ganancia por la conjunción de mejoras tecnológicas para el incremento de la productividad y por la caída de salarios generalizada imprescindible para que cada empresario en esas condiciones pueda luchar por un lugar competitivo al sol. Una vez más el ejército de parados fuerza a su vez la bajada de los salarios y la proletarización de amplios sectores sociales antes de ámbitos profesionales, funcionariales, de muy pequeños empresarios, comerciantes, etc., lo que conlleva una bajada de la demanda de bienes no imprescindibles y una nueva necesidad de incrementar la productividad bajando los salarios y desarrollando continuamente nuevas tecnologías más competitivas.
La consecuencia social es pobreza, miseria, desesperación, por ahora, pero la consecuencia a ya bastante corto plazo es la imposibilidad de mantener con los fondos generados por los sectores en el espacio productivo a los sectores no productivos en continuo incremento. Las cajas de pensiones y los fondos para la sanidad se van resintiendo y se tienden a agotar sin poder cubrir decentemente a esos sectores no productivos de la población, que además de los mayores y los niños, cuentan cada vez más con los parados de larga duración, los marginales expulsados del sistema, sea en atención clínica o en cárceles, y además los ejércitos cada vez más sofisticados, profesionales y poderosos, y las policías, cada vez más diversificadas, más privatizadas y más numerosas.  
Todo esto lleva necesariamente al Estado, pero no es lo único que lo hace, a buscar más recursos para evitar la explosión social. No es nuestro supuesto Estado de bienestar un producto conquistado a las clases dominantes por un buen acuerdo humanitario con ellas, es la necesidad históricamente comprobada de que si no actúan así las clases dominantes la explosión social les acabará saliendo demasiado cara. Y para evitar esa explosión producto de la pobreza y la miseria han de apuntalar a esos sectores desplazados de la sociedad con dinero fresco que les impida llegar al punto crítico de deterioro en que la explosión se produciría inevitablemente. Siempre moviéndose en esos límites, pero nunca dejando que se sobrepasen, aunque el deterioro lento pero implacable no deja de sentirse continuamente en la sociedad entera.
Y el Estado ha de buscar ese dinero fresco en cualquier lado, ya que la sociedad no produce bienes ni suficientes ni adecuados para que su comercialización cubra vía impuestos esas necesidades, y lo busca por el camino más estúpido posible, pero el único que el sistema permite: por un descomunal sistema de créditos circular y especulativo que genera dinero carente de contrapartidas productivas reales. De hecho en el mundo actual hay firmados créditos a corto que probablemente rondan más de cuatro veces lo que el mundo produce cada año. O sea, cada año todos los deudores han de pagar a sus acreedores más de cuatro veces en dinero lo que la economía real productiva produce en ese mismo año, lo que obviamente es imposible a menos que se fabrique dinero sin contrapartida en su valor real. Sólo el necio confunde valor y precio.
Y claro, los vencimientos de cada Estado, de cada banco, de cada multinacional, de cada gran fondo de inversión, han de cubrirse para evitar la quiebra, para cubrir la exigencia perentoria de pago que resulta materialmente imposible de cubrir. Y eso sólo admite una solución: refinanciar, crear más deuda, pedir prestado para pagar préstamos vencidos, que es, evidentemente, lo contrario a una solución, que es por el contrario un incremento continuo del mismo problema que no se quiere enfrentar ni resolver.
Esa es la situación real. Prometer crear empleo es tan sólo una muletilla carente de contenido válida exclusivamente para la propaganda por plasma, para el discurso vacuo y cínico de la derecha, se llame esta como se quiera llamar.
Se puede prometer crear mejores condiciones sociales y enfrentar de forma global la cuestión de la deuda mundial, pero eso no parece atraer a demasiados políticos, les resulta arduo y complejo, es mejor mentir, engañar y por prudencia hacerlo detrás de una buena pantalla de plasma.

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