miércoles, 13 de junio de 2012

¿PARA QUÉ ESTAMOS EN EL EURO?

Ya hemos escrito en otros artículos que un país de economía débil no puede tener una moneda fuerte y resultar competitivo ni industrial ni comercialmente.
Si la economía es débil es porque no tiene suficiente alta tecnología, ni industrias básicas, ni de gran maquinaria, ni fuentes de energía suficientes, ni su financiación proviene de un alto ahorro de los ciudadanos de ese país, y sus bancos tienen que recurrir a captar fondos del exterior.
En esas condiciones hay que comprar mucho fuera y cuesta mucho vender a terceros lo fabricado en ese país. Sólo se puede conseguir competir en precios internacionales por el insensato procedimiento de mantener sueldos muy bajos y gastar poco en gasto social.
Al final es una pescadilla que se muerde la cola: La población tiene pocos medios para consumir lo producido que le resulta demasiado caro para su nivel de ingresos, y los empresarios no están dispuestos a asumir riesgos fácilmente. La industria se limita a naves de montaje de cosas producidas en otros lugares, como por ejemplo automóviles. En España hay una producción de coches altísima que se vende fuera en su mayoría, pero en simples naves de montaje que han de servirse de motores y tecnología producida por las matrices de estas empresas en Alemania, Francia, USA o el Reino Unido. Un sector laboral muy bueno pero muy mal pagado es lo que lleva a las empresas matrices a traer aquí el puro montaje, y reservarse el valor añadido de la tecnología y la maquinaria más compleja.
El sector de la cerámica sitúa a España entre los cuatro mayores productores del mundo y el segundo en diseño y redes comerciales, pero los hornos de cerámica de alta tecnología, que permiten producir en condiciones óptimas, se fabrican en Italia y todas las empresas de cerámica españolas dependen de esos hornos, ya que en España no hay nivel adecuado tecnológico para fabricarlos en condiciones competitivas. Una vez más el valor añadido, que es lo que realmente es futuro, se queda en el país matriz y la economía podrá crecer pero nunca progresar.
El sector de la edición tiene una de las producciones más altas de Europa y sin embargo la totalidad de las máquinas de imprimir se han de comprar fuera. El sector de químicas también ha de producir con maquinaria comprada en el exterior, siendo esa una maquinaria de elevadísima complejidad y precio, y de la misma manera en la mayoría de los sectores productivos.
En estas condiciones que se pueden extender a la inmensa mayoría de la industria, los empresarios que hacen su agosto en España lo hacen con un sector que no requiere ninguna alta tecnología y para el que la mano de obra es la de más baja cualificación: la construcción.
Y para construir mucho hay que vender mucho, para lo que es necesario dar crédito barato a los posibles clientes ya que el producto final es de un precio muy alto. Y para dar ese crédito fácil los bancos requieren disponer de mucho numerario disponible del que, dado el escaso ahorro, carecen, y que por tanto han de buscar en los mercados internacionales, ya que en España al ser zona euro no existe Banco  Central que pueda emitir moneda.
Esta es la visión de desarrollo que han tenido nuestros políticos, ninguna que no sea ver correr mucho dinero sin crear capital. Una fábrica de algo o una empresa de servicios, una vez montada puede vender más o menos, pero siempre puede intentar innovar, producir según exigencias de mercado, competir con aportaciones tecnológicas significativas, etc., pero una casa una vez construida, no tiene más valor que el de usarla para vivir, no produce ya nada. El dinero invertido en ella es lo contrario al ahorro, y si se utiliza, como ha sido el caso para especular con los precios, se obtiene un resultado aún peor: se elevan artificialmente los precios de la obra sin representar incremento de valor económico real alguno, se crea un espejismo que hace creer que se aumenta el capital cuando en realidad sólo se aumenta la deuda.
Todo esto proviene de una sucesión de actuaciones políticas escasamente acertadas llevadas a cabo durante años. La crisis de los 90 nos cogió en situación de incipiente desarrollo gracias a las enormes inversiones que la entrada en la Comunidad Europea había traído. Los fondos europeos para los países y regiones que estuvieran por debajo de la media europea representaron no sólo un salto gigantesco en infraestructuras y desarrollo tecnológico, sino también en bienestar social: Antes de esa gigantesca inversión no había en cada pueblo ni centros de salud, ni institutos, ni polideportivos, ni centros sociales, ni en las ciudades transportes eficientes, ni servicios culturales, deportivos o sociales accesibles a la inmensa mayoría de la población.
El principal problema inmediato, aparte del retraso tecnológico y de formación, era la falta de fuentes rentables de energía, el petróleo era caro y se produjo el primer verdadero milagro español: industriales, científicos e ingenieros españoles crearon una serie de tecnologías punteras a nivel mundial en el campo de las energías alternativas. Esto requería un elevado nivel en universidades y centros de investigación especializados, unos sueldos decentes para ingenieros, economistas y el resto de personal de alta tecnología que les invitara a no emigrar a países de más alto nivel, y una inversión económicamente razonable que permitiera financiar proyectos cuyo resultado sólo se ve a largo plazo.
En el mismo sentido comenzó una carrera en ciencias de la salud, en ciencias del mar, y en diversos sectores que requerían investigación de alto nivel, y por tanto financiación a largo plazo. Prácticamente la totalidad de la inversión para la investigación dependió del Estado ya que los empresarios resultaban lo suficientemente burdos como para pensar que entre comprar fuera y vender barato e invertir en futuro no cabía dudar. Este fue un factor enormemente obstructivo a ese, incipiente pero fuerte, inicial desarrollo.
Y en esto llegaron los nuevos magos al poder. Los años de González sirvieron para meternos de hoz y coz en la Comunidad Europea destruyendo tejido económico para evitar competir en tales condiciones de salarios con nuestros vecinos: se perdió la posibilidad de una estructura agraria competitiva a favor de nuestros favorecedores exteriores y de los grandes propietarios que recibían jugosas subvenciones por no hacer nada más que ser grandes propietarios. Se perdió la posibilidad de crear una red industrial propia adecuada a una producción que generase ahorro pensando sólo en el consumo. Esto quiere decir que el objetivo era producir para consumir y no producir para crear industria básica: el dios de nuestros tatcherianos tiempos se llama consumo, y su demonio al que rechazar a toda costa se llama ahorro. Esa es la base  de la actual catástrofe.
Pero aquel periodo acabó en un doble caos: la crisis mundial de los 90 y la crisis local de la inmensa e imparable corrupción de todas las esferas del poder político, empresarial y financiero.
Y como decimos llegaron los nuevos magos: Rato era dios y Aznar su profeta.
Lo que les importaba no era la economía sino el dinero, no sabían nada de desarrollo económico, pero mucho de multiplicar los panes y los peces. Claro que a diferencia de aquel profeta de antaño, sus panes y sus peces eran de cartón piedra, o más bien de barro. Su única apuesta fue el ladrillo. Mucho dinero fácil con ninguna creación de capital. Ese fue el desencadenante del desastre.
Pero tuvieron un problema inesperado: su profeta no destacaba por su visión de estadista sino que era un simple funcionario de Hacienda transformado por las urnas en genocida obseso. Además se renovaba una creciente corrupción generalizada, sobre todo en sus virreinatos interiores en donde se llegaba a niveles de desorden económico y financiero absolutamente pasmosos, con tramas como la ahora conocida Gürtel, los casos Camps, Matas, Fabra, etc., la creación de una deuda en sólo la ciudad de Madrid que representaba la mitad de la deuda de la totalidad de los municipios españoles, y unas cajas de ahorro utilizadas para financiar corrupción y desorden hasta extremos difíciles de creer con la entusiasta colaboración de PSOE, UGT y CCOO que también podían meter la cuchara en tan burdo potaje, y con ello se conseguía la ilusión de un feliz crecimiento donde todo se vendía y compraba, pero con dinero ajeno.
Y el profeta dijo que el dios Rato le había mandado hacer llegar la buena nueva a la confusa ciudadanía: pidan el dinero a los bancos, que están forrados, y compren pisos, apartamentos, chalets, adosados, y claro también coches, neveras, vitrocerámicas y todo lo que deseen. Es gratis, no hay más que ir a un banco, pedir el dinero, firmar que sus nietos lo pagarán algún día futuro y a consumir y comprar ladrillo que esto es el paraíso terrenal: España va bien.
El problema inesperado de meternos en guerras ajenas por intereses petrolíferos sólo para salir en una estúpida foto fumándose un puro con los pies en la mesa junto al emperador más bruto de toda la historia de los EEUU, llevó al dios Rato al limbo de los tontos y al profeta a una clínica de reposo para millonarios. Ministros nefastos como el tal Trillo que estuvo a punto de meternos en un conflicto gravísimo con nuestro orgulloso vecino del sur, que envió a la muerte a soldados y oficiales en viejos aviones de saldo para favorecer la corrupción de la cúpula militar, y que se creía un perfecto epígono de aquel Alfonso XIII que jugaba a la guerra con carne humana real sacada de cada pueblo de España, ministros fanáticos con el tema vasco, carentes de la mínima mano izquierda para moverse en tan gravísimo teatro, y ministros de cultura, educación, investigación, exteriores y servicios sociales de nivel más bien pueblerino, acabaron de forjar la desgracia del profeta y de su dios Rato.
Así que su gran obra pudo ser felizmente aprovechada por otro grupo de mediocridades dirigida por quien nunca hubiera llegado tan lejos ni tan alto sino fuera por la casualidad de que en justo ese momento no había nadie en el PSOE capaz de levantar cabeza tras la tragedia de la corrupción generalizada que era manifiestamente la herencia de González. Como soplaban tiempos ladrilleros, no tuvo el nuevo profeta más que coger la bandera caída de Rato y seguir con el mayor entusiasmo haciendo lo mismo que aquel dios caído le había manifestado. En premio de consolación le buscaron un buen cobijo en el Fondo Monetario Internacional, para que jugase a gusto al tío Gilito una temporada.
 Pero mientras todos bailaban en palacio tan contentos sonaron las fatídicas doce de la noche, y el vestido de reinona de Zapatero se convirtió en harapos, la carroza en calabaza y los BMW en patinetes. Y así estamos.
Ahora no hay a donde agarrarse, se deben cantidades tales de dinero por bancos y promotores inmobiliarios, por ayuntamientos y CCAA, y al final por el autodenominado Reino de España, que es materialmente imposible pagarlo. El déficit, o sea, lo que falta cada año para pagar lo que se debe cada año, y la deuda, o sea lo que se debe a largo plazo sobre el falso supuesto de que en ese plazo se generarán fondos adecuados para hacer frente a los plazos y cantidades firmados, son absolutamente inasumibles y nadie presta dinero a quien se sabe que no va a poder pagarlo en ningún caso. Inocentemente el nuevo presidente, pleno de realismo, y no como el anterior, dice que claro que podrá pagar en cuanto haya puesto en valor real los millones de pisos, apartamentos, promociones fallidas, terrenos urbanizables, y aeropuertos, ciudades míticas del espanto, megaloidioteces variadas, y otras lindezas productoras de la corruptela generalizada, que tienen bancos, inmobiliarias, municipios y Comunidades Autónomas, que es sólo cuestión de averiguar cuanto vale todo eso en realidad, que somos un país rico con problemas circunstanciales y llama desesperadamente a los fieles apóstoles del anterior dios y del anterior profeta para que le resuelvan la situación como si esta crisis fuera tan sencilla como la de los 90. Ergo estamos totalmente perdidos.
Y volviendo al tema inicial, no puede haber un país de economía débil con una moneda fuerte: Ni Grecia, ni Portugal, ni Irlanda, ni España pueden seguir por mucho tiempo en la zona euro si quieren vender algo en algún lugar. Nos metieron en el euro alemanes y franceses para vendernos lo suyo y tener unas colonias donde ensamblar lo que ellos producían teniendo aquí precios y salarios de saldo, ahora ya no les hacemos falta, pero ya es demasiado tarde, el dinero que se ha tirado a la basura ladrillera y consumista en España, en gran parte se lo han prestado al Estado y la banca española sus bancos, si España quiebra arrastra a su banca y si su banca quiebra arrastra al mundo entero, incluidos los EEUU y China. En ese punto estamos.
Y el punto final de este estudio tendrá que esperar al próximo lunes cuando sepamos qué han decidido los ciudadanos griegos, y cuando haya pasado el inmediato viernes negro que tenemos a la vuelta de la esquina.


lunes, 11 de junio de 2012

RAJOY: DE VICTORIA EN VICTORIA HASTA LA DERROTA FINAL

Como decían los enemigos internos de Stalin durante la ocupación nazi. Y tal como ahora dicen los de arriba, porque naturalmente que saldremos de la crisis, que no será eterna, lo que es un hecho puramente físico ya que lo único eterno es la muerte, pero no es eso lo que se discute, sino el precio y los plazos.
Claro que al final Stalin consiguió el triunfo final, pero había costado sesenta millones de muertos y no sólo tres años de guerra salvaje, sino más de veinte de retraso, y al final la imposibilidad de mantener a la vez un régimen teóricamente socialista y un mínimo de bienestar social y de libertades públicas.
Así que siguiendo las lecciones de tan buen maestro el presidente Rajoy insiste tanto en decirnos que confiemos en él y en sus esfuerzos descomunales para negociar ventajas en Europa, como en que la crisis no es eterna, que saldremos de ella. Obvio.
Pero estamos hablando no de si saldremos de la crisis, sino de cómo estaremos y quienes seremos cuando llegue tan feliz día.
Y al igual que el camarada Stalin, el camarada Rajoy y con él sus ministros y portavoces no se cansan de decir cualquier cosa cada día que deba ser desmentida por ellos mismos al día siguiente, y por la misma razón, porque no tienen ni idea de qué hacer, ni a donde vamos.
Pero tienen claro lo que de verdad importa, al menos a ellos, evitar la protesta ciudadana, crear expectativas incuestionables, al final, ganar tiempo.
El objetivo, si es que lo tienen, se cumple con claridad, si ellos no tienen ni idea de qué hacer, cómo, ni a donde vamos, es fácil que al final se cree una confusión generalizada acerca de todo lo referente a la crisis.
Aparte de otras cosas como aquella de hace tan sólo diez días de que en ningún caso se contemplaba la intervención, ahora el problema es que nadie, ni ellos, ni sus directivos, saben cual es exactamente la situación de la malhadada Bankia.
¿Está nacionalizada? ¿sus diferentes apéndices y matrices: BFA, Banco Valencia, las otras seis cajas absorbidas, etc. están nacionalizadas? ¿qué quiere decir que está ese u otros bancos nacionalizados?
Nadie lo explica. Nadie aclara nada acerca de las cuentas de estos bancos y cajas. ¿Los veintitrés mil millones que el gobierno dice que precisa urgentemente Bankia equivalen a la compra del cien por ciento del capital de Bankia? ¿entonces cuando hace dos semanas dijeron que con la conversión en acciones del préstamo de cuatro mil millones de hace unos meses eran ya propietarios del banco, faltaban conscientemente a la verdad? ¿Pero estar nacionalizado quiere decir que se compran las acciones por su precio de mercado, o que se hacen cargo de sus deudas, sean estas las que sean, con la aportación de capital por el valor de esas mismas deudas? ¿Pero dónde dicen que han estudiado economía estos señores? ¿o es que como dijo un altísimo cargo de la Comisión Europea hace unos meses “cuando las cosas se ponen muy mal no hay más remedio que mentir”?
El hecho es que al final –por ahora- no son tampoco veintitrés mil millones los que hay que poner en la mesa, son –por ahora- cien mil millones y no sólo para Bankia, si no para diversos bancos no especificados. Y si no se especifican ¿Cómo saben que son cien mil millones y no otra cantidad arbitraria cualquiera? ¿No les dieron a esos diversos bancos créditos por el Banco Central Europeo hace unos pocos meses por valor de nada menos que trescientos mil millones?
Y ¿Para qué ha sido y es ahora esa ingente cantidad de dinero exactamente? ¿Para evitar su quiebra porque esos bancos se lo deben a otros y a fondos de inversión internacionales o soberanos de otros países y no tienen para pagarles?
¿Y por qué no tienen para pagar sus deudas a terceros? ¿Es porque a su vez prestaron dinero a particulares y empresas y estos préstamos han resultado fallidos? Pero lo de los particulares no alcanza ni al diez por ciento de lo prestado a inmobiliarias, ayuntamientos y Comunidades Autónomas, de tal manera que esas deudas impagadas de las promotoras inmobiliarias, los ayuntamientos y las CCAA ¿están siendo condonadas o dadas por fallidas definitivamente y se contabilizan sólo a beneficio de inventario?
Y cuando le niegan sin piedad a los particulares que han comprado una vivienda la dación en pago, ¿no han hecho ya acuerdos con las promotoras inmobiliarias para condonar deudas por obra y terrenos que en realidad son los que no valen absolutamente nada? ¿Y esas inmobiliarias, Ger, Florentino, etc. han saldado sus descomunales deudas a cambio de unos terrenos imposibles de vender o unos apartamentos ruinosos y los particulares van a la calle irremisiblemente sólo porque lo de los particulares es poco dinero y lo de las inmobiliarias es tal cantidad que lleva directamente a la quiebra al banco?
¿Y ahora esos impagados de inmobiliarias, ayuntamientos y CCAA nos dicen que los va a cubrir el Estado para evitar las quiebras de esos bancos, y que para poner esa cantidad en la mesa y dado que el Estado no tiene ya ni un céntimo, lo han pedido a Bruselas, Frankfurt y el FMI a cambio de una condición draconiana: que se lo devolvamos por encima de cualquier otro gasto, o sea a costa de que se supriman los gastos de cualquier cosa, por ejemplo, sanidad, investigación, obras públicas, educación, etc. hasta que no se haya devuelto la totalidad del dinero prestado?
¿Debemos entender entonces que ese dinero que debían a esos bancos las promotoras inmobiliarias, los ayuntamientos y las CCAA lo tenemos que poner los ciudadanos a cambio de nada?
Pues queridos lectores, así es.
Y mientras, el señor Rajoy tocando el violón, y nosotros con la cara de tontos que se nos está quedando.