domingo, 26 de febrero de 2012

¿QUIÉN ESTÁ DETRÁS DEL CASO URDANGARÍN?


Una gran cantidad de ciudadanos nos alegramos de ver cómo al fin los escándalos de corrupción alcanzan a la cúspide del Estado. Ya que el propio rey no puede ser inculpado de ningún delito, según mandato constitucional, pese a la manifiesta falsedad de la afirmación del presidente del Consejo Supremo del Poder Judicial que se atrevió hace pocos días a declarar solemnemente que en España todos somos iguales ante la ley sabiendo que faltaba de forma grosera a la verdad, al menos en un caso, tendremos al menos la satisfacción de ver como las acusaciones le van rozando peligrosamente en la forma de una hija, presunta, por ahora, encubridora de corruptelas de millones de euros, si no autora ella misma.
Diversos escándalos económicas, como aquel en que se encontraba incluso el diplomático Prado y Colón de Carvajal, junto a un curioso príncipe georgiano y varios personajes más de la noche mallorquina, que alcanzaban demasiado de cerca la  economía privada del propio rey, y hacían referencia a cantidades verdaderamente tremendas y aprovechando turbios negocios de ventas de armas alrededor de la 1ª Guerra de Irak, hubieron de quedarse en las mesas de las redacciones de la prensa por imperativo constitucional. Misterios de la democracia española.
Ahora salta un caso que afecta al yerno del rey gravemente. Desde todos los medios se corea con cierto entusiasmo un supuesto triunfo ciudadano: en medio de la denuncia de corrupción generalizada que inunda la política y la economía española, todas las miradas se vuelven a un supuesto caso paradigmático: si se condena a tan alto personaje parecerá que se empieza a hacer justicia en este país. Buena estrategia ¿Quién la habrá articulado? ¿Para qué fin?
Sin duda hay un elemento casual que se corresponde con el hecho de que el caso resultaba inevitable tras las investigaciones de un juez local de primera instancia que le cayó en reparto una importante investigación sobre las corruptelas del presidente del gobierno balear, pero más allá de eso podría pensarse que de esa carnaza pretenden comer muchos.
Nadie duda de que al rey le están confeccionando, desde hace un par de años al menos, el pijama de madera que le habrá de corresponder un día, ahora sí, como a todo ciudadano. Nadie duda tampoco de la habilidad de perro callejero que sabe hacerse simpático con posibles bienhechores, la astucia zorruna de quien nació con muchos don y pocos din y ha llegado a lo más alto que podía soñar, la curiosa capacidad para hacerse imprescindible y, desde luego, la oscura carambola del 23 F, que parece más bien deberse a una acertada tacada de su señora, escaldada en la piel de su buena familia griega hundida tras apoyar un golpe de estado en su país de origen.
Todo eso conforma una imagen popular diametralmente opuesta a la de su hijo, chico pijo y estirado, con una señora verdaderamente antipática con lustre de oportunismo barato, individuo al que hacen más célebre las revistas rosas con sus sucesivos y muy borbónicos líos de novias y amistades que de estudios, propuestas de interés cívico, científico, cultural o simplemente humanas, y que además no resalta ni por agudeza, ni por inteligencia, ni por curiosidad intelectual.
Es el heredero. La monarquía no ha sido desde hace casi dos siglos de especial interés para las derechas nacionales, han sido siempre oportunistas de tal o cual figura con posibilidad de hacerse con el trono porque en España la República o es de izquierdas, social, progresista y laica, o simplemente no es. No tienen pues más remedio las derechas que o ser monárquicas de fulano o mengano, o ser fascistas de Franco o corporativistas de Primo. Eligieron estos últimos años, en ésta última experiencia democráticamente, al nieto del último rey al que nadie en toda España defendió tras cuarenta años de mandato miserable, y ahora no saben bien que hacer cuando les falte este hombre tan oportuno.
Saben bien que el hijo no podrá nunca ser una solución tan segura como ha sido el padre. Saben que con él las meteduras de pata están garantizadas y que son muy peligrosas desde el punto de vista de los intereses de la derecha.
Quizás alguien ha pensado despacio, y se ha dicho que a lo mejor es preferible bajar de tono la autoridad de la corona, hacerla más marginal y quitarle su posible capacidad de desestabilización cuando esté en manos del heredero.
De esta manera el caso Urdangarín que desprestigia notablemente a la casa real y que debilita más notablemente aún a su segunda generación, puede volverse una hábil arma en manos de la defensa de la estabilidad. Quizás alguien ha pensado que esta carnaza obliga a colocar en lugar menos visible en tiempos de crisis a una ya tan debilitada casa real, y que a la larga, si ésta acaba cayendo en medio de una presión social cada día más fuerte, será menos escandalosa su caída y en todo caso ellos mismos, las derechas de toda la vida, pueden montar una monarquía sin corona, a la que ellos llamarían hipócritamente república. Al fin y al cabo el caso Urdangarín le puede ser muy útil a la casa real y a la derecha, ante el desprestigio creciente de ambas entidades, para eso tan sano de algo que “limpia, fija y da esplendor”. Cosas veredes mío Cid que harán fablar a las piedras.

viernes, 24 de febrero de 2012

UN MIEDO RAZONABLE

Un Parlamento copado por políticos de la derecha, en el que se discute el grado de aplicación de políticas conservadoras que se puede aplicar a la ciudadanía sin que se rompa el razonable equilibrio que toda derecha exige, ha decidido que en la llamada Comisión de Secretos Oficiales no entren más que parlamentarios de la estricta confianza de la derecha más ramplona, la del PP.
De esta manera, ha quedado vetada la incorporación de un diputado de la minoría que no pueden dejar de calificar de activistas manifiestos de la antiespaña: un diputado de la Esquerra Republicana de Cataluña. Para no quedar tan agresivos ante la ciudadanía catalana, republicana o de izquierdas, dicen los del PP que lo hacen porque sospechan que son gentes excesivamente próximas a lo peor de la antiespaña, el republicanismo y la izquierda: la coalición maldita formada por los vascos de Amaiur, acusados por parte de los diputados de derechas de ser el oculto brazo político del terrorismo etarra. Si lo saben tan claramente ¿Por qué no lo denuncian con pruebas en los tribunales?
Sobre esa sólida base científica han decidido impedir con su aplastante mayoría y la vergonzante callada del PSOE, que esos diputados catalanistas, republicanos y de izquierda no deben estar en la comisión parlamentaria encargada de saber lo que no puede publicarse por tratarse de secretos de Estado.
Dicen que tienen miedo de que larguen demasiado con cosas demasiado delicadas que sólo las derechas deben saber.
Es cierto, debemos todos tener más que miedo de lo que se pueda llegar a saber estando en esa comisión parlamentaria.
Algunos, por nuestra parte, tenemos no ya miedo, sino pánico de lo que saben las derechas y ocultan en esa comisión. Creemos que más bien debería impedirse por todos los medios parlamentarios posibles que partidos como el PP o el PSOE entren en esa comisión, deberíamos impedir que esos partidos manejen en exclusiva “o con la ayuda de otros”,como las derechas nacionalistas, ciertas cosas. Tenemos verdadero miedo.
¿Cómo permitir que entre en esa Comisión un partido radical como el PP, que exige e impone el despido libre, que protege de forma manifiesta la más absoluta opacidad de la banca, que impone la exención de impuestos a los sectores más poderosos de la sociedad presuntamente a cambio de algo ¿o no?, que defiende que los estudiantes de secundaria que se manifiestan en las calles son “el enemigo”, que defiende que se potencien y mantengan las centrales nucleares prehistóricas propiedad de los monopolios de la energía eléctrica, que encubren metódicamente a corruptos, negligentes y criminales y persiguen a jueces como Garzón, retrasando indefinidamente los procedimientos judiciales penales contra colegas suyos acusados de mantenerse en un ámbito, presunta o manifiestamente criminal, como Fabra, Camps o los capos de Marbella?
Es muy peligroso que partidos como el PP o sus colegas parlamentarios y de gobierno discutan en solitario el número de armas nucleares norteamericanas que se almacenan en Rota,  cuales son las cifras y los destinatarios del gigantesco comercio de armas fabricadas en España con destino a países dictatoriales como Marruecos, qué cantidades y para quienes se reparten entre ciertos grupos de poder las comisiones del petróleo que se vende y compra por las empresas españolas con intereses en todo el mundo, qué hay de las comisiones ilegales del tráfico de drogas en paraísos fiscales que pasan por la banca española, cómo funciona y que informes proporciona el servicio de espionaje español en Venezuela, Ecuador o Bolivia, qué se sabe sobre la posible ayuda a grupos terroristas en esos países, qué se sabe sobre las cuentas oscuras de la casa real española, etc., etc., etc.
Desde luego, tenemos mucho miedo de lo que el PP y sus colegas discuten en esa famosa Comisión de Secretos Oficiales, en la que no parece ser razonable que entren gentes que son antiespañoles, republicanos y de izquierdas. Todos tenemos muchas razones para no fiarnos y tener mucho miedo.

sábado, 11 de febrero de 2012

OFICIOS Y PROFESIONES

Es muy interesante comprobar cómo media un abismo entre la visión de la realidad de nuestros políticos en el poder y la calle. Hablan de la reforma laboral pensando exclusivamente en los beneficios empresariales, en el consumo y en los votos, pero nunca en el trabajo, en la producción y en mejorar realmente las condiciones de vida ciudadanas.
La señora ministra dijo en su supuesta presentación del proyecto de ley de reforma laboral el pasado viernes, que había un problema con la formación porque durante los años del ladrillo muchos jóvenes habían dejado los estudios para dedicarse a la construcción y ahora había que volver a plantearse su formación. Lo explicaba diciendo que lo mejor sería especializarles en cosas que tuvieran que ver con esas anteriores ocupaciones, carpinteros, etc.
La señora ministra no tiene ni idea de lo que está hablando. Esos jóvenes que dejaban los estudios no estaban en general en la obra, no eran propiamente de la construcción, sino de la promoción inmobiliaria. La mano de obra la cubrieron mayoritariamente marroquíes, rumanos y ecuatorianos inmigrantes aunque la ministra lo haya obviado cómodamente Quizás es que entonces le molestaban tantos foráneos de piel algo más oscura que la suya y lenguas incomprensibles, y ya nos explicaba nuestro santo patrón San Sigmund Freud que los lapsus no pueden ser nunca casuales.
La señora ministra, que se ve que vive en un mundo feliz, parece no saber distinguir entre la construcción y la promoción inmobiliaria, y ni siquiera entre la construcción y la obra civil, esta última impulsada generalmente desde las instituciones públicas, cosa que prefieren ignorar estos gobernantes.
Cierto que muchos maestros de obra de pueblos descubrieron rápidamente que el negocio no es levantar paredes o encofrar, sino vender lo que otros hayan construido y llegar a jugosos acuerdos con ediles y mandamases locales, y en general esa metamorfosis no tienen relación alguna con suponer que sus hijos trabajaban en la construcción, sus hijos, aunque en un principio dirigieran obras sin saber nada, casi siempre acabaron dedicándose a la venta de pisos y apartamentos. Esos chicos son los que ahora tienen un grave problema de reciclaje.
Los albañiles se han ido a sus países o viven en enorme pobreza, pero aguantan aquí, los improvisados electricistas, fontaneros, carpinteros, etc. en buena parte ya hicieron durante el bum los cursos que les habilitaran oficial y realmente, ya que la regulación es bastante estricta y, por ejemplo, no se puede ser instalador sin tener ese tipo de curso aprobado oficialmente, y esos chicos, aunque ahora no tienen trabajo, en su oficio, en general, están adecuadamente formados, e incluso con muy buen nivel profesional. El problema de preparación es el de los cientos de miles de jóvenes que si vendían un apartamento o un chalet se llevaban una buena comisión, lo que podía traducirse hasta en nueve o diez mil euros de una sola tacada. Para ello sólo tenían que engatusar al posible comprador, y creían que para ello debían tener un coche bueno, vestir con ropa de marca, comer en restaurantes caros y hablar de idioteces variadas con profundo conocimiento y rigurosa seriedad.
Esa gente ahora tiene más de treinta años y no saben nada que les permita abrirse camino en la vida. Su fracaso es tremendo y el apoyo que requieren no es  precisamente el de darles cursos de carpintería, sino el de reeducarles, si aún es posible, en la vida ciudadana real. No es una cuestión simplemente profesional, es una cuestión de una generación fracasada, deslumbrada por el dinero fácil, el consumo estúpido y la más tremenda levedad cultural. Eso si que es un enorme problema señora ministra, si bien tiene usted razón en una cosa: es su público, son una buena parte de sus votantes de calle, como no saben nada de la vida, no pierden la esperanza de que en el segundo semestre del segundo semestre de no se sabe cuando, ustedes con sus grandes poderes y conocimientos acaben definitivamente con esto de la crisis y ellos puedan volver a la venta de apartamentos, los coches, la ropa de marca y la vida fácil.
Señores gobernantes, en vez de perorar liviandades incongruentes, ¿por qué no piensan alguna vez en qué necesitará realmente este país para no morirse de asco dentro de quince años, cuando se empiece a ver el mundo tan diferente que tendrá que surgir después de esta profunda crisis sistémica que abarca y abarcará a todo el planeta? Nos tememos que, como decía el cantor, la respuesta está en el viento, y añadiremos que no precisamente en ustedes.

viernes, 10 de febrero de 2012

DE LEYES, EJECUTORES Y EJECUTADOS

A Garzón la sociedad española le debe agradecer algunas cosas, y sobre todo ahora. Gracias a este juez juzgado, la justicia española ha quedado al nivel de la de Zimbawe, y no porque él sea arbitrario, sino porque a los ojos de todo el mundo ha quedado claro que la justicia española, ni es justicia, ni está limpia, y que al igual que en Zimbawe es pura política, es negocio, y es arbitraria. Ya lo hemos dicho otras veces: es herencia pesada de cuarenta años de fascismo.
A Garzón le condenan sus compañeros por intervenir las conversaciones de los dirigentes de la trama Gürtel en prisión y sus abogados. Es obvio que eso aniquila las posibilidades de defensa de los detenidos, y que por tanto representa un juicio previo con sentencia de culpabilidad por parte del instructor. El juez se defendió argumentando que en ese caso perseguía otro delito, que esencialmente era el blanqueo y la fuga de capitales que entre ambas partes estaban supuestamente organizando, y que nada de lo recogido en esas conversaciones entre presos y sus abogados había sido incorporado a la instrucción, y era sólo para uso de la policía en la persecución de ese otro delito.
Hasta aquí es impecable la acusación, y es poco clara la justificación. Pero en realidad el juez tiene cierta razón, ya que los legisladores habían cometido un error fatal al regular este tema: En España no está formalmente garantizada la confidencialidad de las conversaciones de presos y abogados: explícitamente la ley recoge que eso no está permitido salvo que se persigan delitos de terrorismo. Curioso. ¿Antes de que se le juzgue el instructor sabe cierto que ese preso es un terrorista? Y está claro que si se da una excepción tan poco garantista, no hay razón para no asimilar otras muy parejas.
¿Alguien piensa que es más peligroso un pistolero de la ETA que los jefes de una organización, en cuya cúpula se encuentra el tesorero del partido hoy gobernante, de quienes conocemos unas conversaciones telefónicas en las que discuten cómo comprar a tales y cuales políticos, robar a toda la sociedad, estafar y corromper?
Por tanto es claro que el problema no está ahí, sino en la estulticia de nuestros legisladores y la connivencia de la sociedad y sus órganos civiles. Nunca tenía que haberse podido aprobar una ley que permite dejar indefensos a unos presos y no a otros ante su juez instructor.
Pero estamos en España, donde la ley no es por mandato constitucional igual para todos, donde el Art. 56.3 de la Constitución dice que la persona del jefe del Estado puede robar, matar, estafar, o cometer cualquier otro delito y no podrá ser juzgada por ello. ¿Eso cabe en un Estado de Derecho? 
Son legisladores de poca calidad. Se aprueban leyes que van contra todo sentido de Derecho. Se hizo hace unos años y se aprobó por casi unanimidad una ley manifiestamente contraria a Derecho ya que estaba dedicada a un solo caso: la Ley de Partidos Políticos, creada en exclusiva para impedir la existencia de Batasuna, y que además representaba un evidente prejuicio ya que se hacia juicio de intenciones si no se explicitaba por parte de ese partido una determinada condena a la organización ETA, y además quedaba a discreción de los jueces la calidad de esa posible condena si se hubiera llegado a dar.
Si se hacen leyes que sólo abarcan un caso singular, se acaba careciendo de Derechos por parte de todos, todos quedamos a discreción de arbitrarias interpretaciones subjetivas y prejudiciales. ¿Eso es un Estado de Derecho? Pues eso es exactamente lo que ha pasado en el caso ya juzgado de Garzón y la trama Gürtel.
Pero cuando se aprobó aquella ley o se aprobaron esas curiosas excepciones a la confidencialidad de abogados y presos, muy pocos levantaron la voz, y nadie llevó esa extraña legislación al Tribunal Constitucional y tras su evidente fallo, a los tribunales internacionales.
Claro que hay que entender que en España la Fiscalía está considerada por la ciudadanía con la misma categoría que la judicatura, o sea más bien entre escasa y ninguna salvo contadas excepciones singularísimas, y que el responsable máximo de la abogacía del Estado no es un abogado del Estado, sino un cargo político nombrado por el gobierno de turno libremente, igual que el Fiscal General y que el Fiscal General Anticorrupción.
Por eso decimos que no es sólo un problema de calidad de nuestro sistema judicial, sino sobre todo de nuestro sistema educativo: los jueces, fiscales y abogados salen de nuestra universidad con un confuso conocimiento de los pilares del Derecho y un claro concepto de los pilares de nuestra corrupta sociedad. Ahí es donde comienza el problema, incluido Garzón, pero sobre todo, incluido un Tribunal Supremo, cuyos componentes, por edad, es seguro que cantaron demasiados caralsoles en su juventud y eso  quizás  les pudo quitar tiempo para dedicarse a estudios probablemente más importantes.
La gran escuela de juristas, y sobre todo penalistas, españoles del pimer tercio del siglo XX hubo de dejar su altísima herencia en América y no se conoce ningún juez o magistrado de alto rango en el actual sistema judicial español que sea heredero de esa colosal fuente, si no más bien de la triste y sesgada universidad de la Dictadura. Cosas que pasan con las cómodas transiciones democráticas.

martes, 7 de febrero de 2012

UN PESADO LEGADO

 La oleada de casos judiciales escandalosos parece no provocar ya más que cierta indignada indiferencia, como si fuera algo determinado por los dioses y no pudiéramos más que resignarnos a inesperada maldición divina.
Garzón por los crímenes de la dictadura franquista, Camps y Costa por cohecho, Fabra por cohecho, prevaricación, delitos fiscales y tráfico de influencias, Matas por prevaricación y cohecho, Urdangarín y su esposa por tráfico de influencias y utilización de fondos públicos para enriquecimiento propio ilegal, Correa y su banda que incluye al tesorero del PP, por corrupción, Blanco por prevaricación, los eres de la Junta de Andalucía, Marbella, Plan de urbanismo de Alicante, depuradora de Valencia, y un enorme etcétera al que por imperativo legal añadiremos que por ahora son presuntos delitos, presuntos delincuentes, excepto en el caso Fabra en el que la denuncia de Hacienda, por fraude fiscal millonario, tiene el mismo valor que la denuncia de la guardia civil de carreteras con foto incluida en que simplemente se discute la pena no el delito.
Además, si no basta saber que la justicia es un cachondeo, según afirmación ya juzgada de un notable dirigente político, siempre queda el truco de los indultos. Automático para el vicepresidente del Banco Santander con condena firme por delitos gravísimos que afectan a miles de ciudadanos, al que todos los grandes partidos deben muchísimo dinero imprescindible para sus campañas electorales, y desesperadamente lenta para un sencillo ciudadano, preso por delitos comunes en Granada, que ya ha cumplido más de media vida en prisión.
En un ambiente como el que sufrimos en el Estado de malestar español, digamos, con Jack el Destripador, que para entendernos bien será mejor ir por partes.
Juzguen a Garzón por interferir conversaciones entre detenidos y sus abogados, lo que es manifiestamente contrario a cualquier ordenamiento jurídico serio, y por pedir y conseguir dinero de un banquero al que luego juzga y deja limpio y transparente de forma al menos chocante, inaugurando la oportunísima doctrina Botín, que más bien parecería que se aplicó según quien.
Pero todo eso nada tiene que ver con el ridículo mundial que rodea al autodenominado Reino de España al juzgarle por la investigación de los crímenes del franquismo. Su instrucción pudo no ajustarse procesalmente a la norma, pero es notorio que en ese caso bastaba con separarle del caso y reiniciar la instrucción, y salta demasiado a la vista que el juicio es una simple tapadera para presentarle como un inútil judicial y así liquidar su carrera antes de que le de por abrir otro caso que afecte a demasiados políticos de dudosa moralidad y ascendencia demasiado notoria.
Pero hagan ya lo que hagan, sepan que nadie les va a tomar en serio, que como siempre en nuestro viejo país, todo vecino sabe bien que la justicia es cosa de tener amigos y dinero, que no hay dos varas de medir, sino tantas como amigos y dinero tengas disponibles, que nada hay peor en España que ser pobre y necesitar justicia, que nadie cree ya en el sistema judicial y que todos sabemos bien que con nuestro inveterado sistema “ellos” nunca irán a la cárcel, y “nosotros” somos tan sólo carne de presidio a voluntad de quienes cortan el bacalao, o sea “ellos”.  
Son nuestros dos más pesados legados de la Dictadura: la justicia y la educación. Dos gigantescos legados asumidos y aceptados muy lúcidamente por los autodenominados padres de la Constitución, autores  y fieles ejecutores  de la transición. No hubo ruptura, no hubo revisión profunda del sistema judicial, y sobre todo no hubo la menor limpieza de su pútrido aparato, así como no hubo profunda reflexión sobre el sistema educativo. Al final, todo se ha reducido a un sistema de libertades real, pero sometido al imperio de la arbitrariedad judicial y burdamente domeñado gracias a una desastrosa escuela y a una lamentable y monetorizada universidad. De ahí nuestra nueva cultura popular: no ver, no oír, no hablar, y procurar pillar. ¿La generación mejor preparada? ¿para qué cosas?
Sepamos a donde hay que apuntar, y déjese camelar por manipulaciones de trileros quien prefiera no pensar demasiado. Son muchos, muchísimos. La mayoría militan como simples votantes y simpatizantes en ese partido que hemos denunciado en otros artículos de este blog, partido poderoso e inmensamente extendido por todo el reino cuyas siglas se corresponden con el anagrama ¿QHDLM?

jueves, 2 de febrero de 2012

¿DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO?

En estos tiempos ha sido preciso para millones de ciudadanos aprender al menos fundamentos y elementos de economía. En muy poco tiempo nos han inundado de términos hasta ahora poco conocidos por la ciudadanía, y desde luego por la inmensa mayoría de los políticos.
Con ese ropaje es más fácil esconder realidades que descubrirlas. Así, políticos y banqueros afirman sin movérseles ni una ceja, que con el despido libre descenderá el paro. Es obvio que nadie que no sea un cínico puede decir semejante tontería, pero lo dicen, y afirman con aires de profunda convicción que esa es la única e imprescindible solución para poner fin al paro.
Afirman también los políticos de los grandes partidos gobernantes, que dando dinero a los banqueros estos procederán inmediatamente a prestárselo a los empresarios que se lo pidan y que así volverá a funcionar a fondo la economía productiva. Es obvio que lo último que se le puede ocurrir a un banquero es prestar dinero a una empresa que no vende nada, que no produce, que debe cantidades inmensas de dinero y que carece de gestión alguna de futuro. La conclusión parece obvia: se les da el dinero a los bancos para que simplemente no les corten el grifo a los grandes partidos políticos en sus próximas campañas electorales.
Cierto que se puede afirmar, sin que tampoco se les mueva ni una ceja ni les entre la risa tonta, que ese dinero que se les va a dar es en forma de préstamos, y que los bancos lo devolverán un día –incierto- con sus correspondientes intereses. ¿Con qué garantías? ¿Cómo piensan exigir la devolución y hasta los intereses? ¿Veremos al fin cómo los gobiernos del PP, del PSOE, o de CiU, envían a la guardia civil y a los moços de escuadra a embargar las propiedades de los bancos y de los banqueros, cunado estos incumplan –lo que es inexorablemente cierto que ocurrirá- los compromisos de devolución? ¿Existen incluso esos tales compromisos, o todo se resuelve en un sencillo apretón de manos como en tiempos de gentes honradas?
Y otra vulgar manipulación: La empresa privada es más barata y eficiente que la pública. Todos sus entusiastas defensores lo afirman sin ofrecer ninguna prueba ni ningún estudio concreto que lo pueda justificar. Más aún, sabemos perfectamente que privatizar encarece y es menos eficiente.
Es evidente que mientras la empresa pública tiene como objetivo dar el mayor apoyo social a la ciudadanía, la privada tiene como objetivo el máximo beneficio para sus propietarios. La conclusión es también obvia: la empresa privatizada eliminará todo lo que no proporcione a sus dueños el máximo beneficio, todo lo que la ciudadanía precisa de forma no continua e intensa, todos esos servicios que son precisamente los que permiten hacer sobrevivir a quienes tienen problemas y se encuentran en riesgo de exclusión o marginación: enfermos crónicos, ancianos, niños con dificultades de adaptación e integración social, gentes con problemas de movilidad, etc. ¿Qué dará más beneficios al propietario, hacer transportes públicos accesibles, o que los que van en silla de ruedas cojan un taxi si pueden o se queden en sus casas? ¿Qué es más rentable para los propietarios, que se organicen clases de refuerzo para niños emigrantes de otras lenguas o que se queden sin estudiar y sin integrarse? ¿Qué es más rentable para el propietario de trenes o servicios de bus, revisar los frenos y la dirección continuamente o mantener un seguro y revisarlos sólo de vez en cuando?

En realidad el problema en discusión es muy otro: ¿Cómo enfrentarnos al poder de los bancos, los agiotistas internacionales y los grandes conglomerados empresariales?
De los banqueros sabemos algo importante: nadie puede llegar a ser presidente de un gran banco si no está dispuesto sin pestañear a asesinar a su padre y meter a su madre en un prostíbulo, dado que si dudase un solo instante ante tales circunstancias, hay a su lado veinte buenos colegas que no dudarán en hacer tales cosas y desplazar inmediatamente a un estúpido presidente tan lleno de dudas inaceptables que no hacen más que poner en peligro la solvencia de la empresa.
De los agiotistas internacionales sabemos que se esconden detrás de grandes complejos societarios que no pueden ser investigados por nadie, que manejan las finanzas del mundo con decisiones tomadas sin más consideración que apropiarse del dinero de los demás a cualquier precio, y que cuando compran o venden por esas cantidades incalculables de euros o dólares que aparecen en la prensa, en realidad no sólo no tienen ese dinero, sino que se ríen mucho de que alguien se crea que lo tienen. Es puro aire, humo, son papeles donde pone tantos y tantos miles de millones, pero nada de valor hay realmente detrás de esos papeles. Por absurdo que pueda parecer.
De los grandes grupos empresariales internacionales sabemos que su mirada de futuro abarca en el mejor de los casos a unas semanas o hasta unos pocos meses, que destruyen el planeta, hunden en la miseria a millones de trabajadores de países de enorme pobreza y arruinan a los desarrollados. Más allá lo ignoran todo.

Eso es lo que hay, de eso tendríamos que estar hablando, y de cómo esos grupos y gentes compran partidos, sindicatos, asociaciones cívicas, y oenegés.
La conclusión es clara: sólo desde fuera de esas estructuras se podrá comenzar la larga tarea de organizase contra esos poderes. Y sabiendo que en esa ceremonia de la confusión, esos mismos grupos de poder se alegrarán mucho de ver surgir supuestamente de forma espontánea, organizaciones fascistas que en su tradicional demagogia les insulten a ellos demasiado estruendosamente para que sea más difícil este esfuerzo popular y social.
La conclusión es todavía más clara: el camino es muy largo, quedan muchos años de crisis por delante, dado que por ahora nadie se enfrenta realmente a ella y a sus causas y causantes, y cuando dentro de quince o veinte años toda esta guerra se acabe, nadie sabe hoy cómo será el mundo que habrá de surgir.
Por eso es preciso levantar la voz sin pensar en el futuro, pensando sólo en que lo más importante es que nunca falten voces indignadas levantándose contra esta insostenible situación.